El oficialismo (UNE), en un comunicado, acusa a “los poderes tradicionales, políticos y económicos de este país, apoyados por personas cercanas a algunos medios de comunicación” de “generar un ambiente de inestabilidad a través de la opinión pública”.
El oficialismo (UNE), en un comunicado, acusa a “los poderes tradicionales, políticos y económicos de este país, apoyados por personas cercanas a algunos medios de comunicación” de “generar un ambiente de inestabilidad a través de la opinión pública”. Asimismo, el vocero de la UNE, Fernando Barillas, en una reciente conferencia de prensa, expresó que “existen acciones oscuras, articuladas al margen de la ley que buscan debilitar la institucionalidad democrática del Estado” y que los responsables son “gente que tiene programas de radio y televisión” y que compra espacios y plumas para trasladar ideas contrarias al sistema democrático.
Como podrá advertirse, el régimen de Colom, de corte populista autoritario, y no socialdemócrata (aunque así autoproclama), porque la socialdemocracia respeta y defiende los derechos fundamentales, incluso el de libertad de expresión de ideas, ante sus fracasos reiterados en todos los órdenes, busca desviar la atención de la opinión pública inventando nuevamente lo de la socorrida desestabilización.
Por supuesto, acusa a medios de comunicación y periodistas, exactamente igual como lo hace Chávez en Venezuela y Ortega en Nicaragua, por divulgar informaciones y noticias en las cuales se revelan escándalos de corrupción y fracasos manifiestos de la gestión gubernamental. Quisiera el oficialismo que lo negativo no saliera a luz y que se publicara sólo aquello que al régimen le conviene.
No entiende el oficialismo que no existen buenas y malas noticias, sino que solamente noticias. La información es la sangre de la democracia y debe fluir hacia todos los ciudadanos, quienes tienen el derecho de informarse y, por ende, de enterarse de todo lo que sucede y lo que se hace en su nombre, aunque no le guste a los gobernantes de turno. La ciudadanía tiene derecho a saberlo todo y es deber de los comunicadores satisfacer la necesidad de estar informado.
La antítesis de la millonaria propaganda gubernamental es la prensa independiente. La propaganda busca presentar las cosas como le conviene al Gobierno, en tanto que la prensa independiente da a conocer información veraz, objetiva e imparcial, sin atender ni responder a ningún interés particular o político. La gente consciente no se deja llevar por la propaganda, sino que busca información confiable.
Sin embargo, las acusaciones del oficialismo no deben echarse en saco roto, porque auguran nuevos hostigamientos contra disidentes, opositores y críticos. Por tanto, pedimos a la comunidad internacional que esté alerta.
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