Políticos, empresarios y hasta los curas la necesitan.
En Prensa Libre del 12/6, el columnista Samuel Pérez escribió: “Mi nada humilde, pero sincera apreciación es que todo el mundo sería mejor si todos los empresarios y políticos fueran economistas”.
El mismo columnista, en su artículo del 26/6, en el pie de foto dice que, “Para opinar sobre Economía se debe comprender y estudiar varios años esta ciencia”.
Mis comentarios al respecto:
El estudio de la Economía es indispensable, no sólo para empresarios y políticos, sino para todas las actividades profesionales, incluyendo las religiosas.
Por supuesto que saber de Economía es indispensable para los comunicadores que quieran opinar sobre el tema, pero esta condición no se da en muchos casos de personas bien intencionadas, que creen que leyendo las noticias, ya pueden comprender la complejidad de los problemas económicos.
Yo considero que en los dos últimos años de bachillerato se debería impartir un curso básico de Economía, que incluyera los principios básicos de praxeología (acción humana), la teoría del valor, la ley de asociación, la cooperación social, y el sistema de precios (ley de oferta y demanda).
En primer año de la universidad se debería impartir, en todas las carreras, teoría monetaria, dinero y banca, el papel del emprendedor, mercantilismo, impuestos, ahorro e inversión, y ciclos económicos.
Más adelante, en todas las carreras, se debiera dar un seminario de los problemas económicos actuales, a la luz de las distintas escuelas: Chicago, Keynes, y Escuela Austriaca.
Es importante que comprendamos que la Economía es una de las mal llamadas ciencias sociales, que se limita a enunciar los axiomas o teorías de la acción humana, en relación al tema de la escasez. Es una disciplina descriptiva, no normativa, que se vuelve peligrosa en manos de los políticos constructivistas. A lo que me refiero es que el economista puede, por ejemplo, encontrar la relación causal entre la emisión monetaria y el nivel de precios, pero no puede manipular precios, tasas de interés o salarios, sin sufrir las consecuencias negativas de sus acciones: escasez y desempleo.
Las ciencias naturales cumplen con el método científico: inducción, deducción y verificación; las ciencias sociales no lo cumplen. Las de la acción humana: la praxeología, estudia las premisas de esta acción desde un punto de vista a priori; la historia, lo hace a posteriori. Nunca se pueden verificar de manera inequívoca las relaciones causales en la economía, aunque la econometría nos puede dar las confirmaciones estadísticas a las hipótesis económicas. La economía experimental nos sirve para simular situaciones económicas de laboratorio, pero no son garantía que sus conclusiones se dan en la vida real en el cien por ciento de los casos.
Los economistas que hacen predicciones macroeconómicas puntuales, por lo general tienen que dar explicaciones sobre el porqué de sus inexactitudes, mientras que los economistas que se contentan con enunciar principios económicos, salen mejor parados.
Es distinto decir que si hay libertad cambiaria, el mercado va a establecer un tipo de cambio en el que no hay escasez de divisas –principio económico–, a decir que el tipo de cambio tiene que ser de 7Q/US$.
Hacen tanto daño los comunicadores que no saben nada de Economía, como los que saben mucho de alguna escuela equivocada, por ejemplo, Krugman y Stiglitz, por ser premios Nobel cuyas columnas tienen mucha difusión. Continuaré en la próxima.
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