Ningún partido, ningún sector social, ningún gobierno tiene el monopolio de la razón y de los principios.
Stephen McFarland, es uno de los diplomáticos más brillantes e ilustres que he conocido durante mi historia periodística. Su conocimiento político, económico y social sobre Guatemala y su pasión por apoyar a los más desposeídos del país ha quedado marcada desde los años noventa, cuando se inauguró en Guatemala como diplomático. Hoy, Stephen es uno de los embajadores más importantes de nuestra historia reciente.
El viernes pasado, tuve la oportunidad de escuchar uno de los discursos más extraordinarios que se han pronunciado en la Embajada de los Estados Unidos, que surge en medio de un país fragmentado y roto en mil pedazos. Son palabras que llaman a la reconciliación, al diálogo y a afrontar nuevos retos, justo en momentos en que la dirigencia guatemalteca camina sobre brasas calientes y el presidente Álvaro Colom lanza una sarta de insultos y amenazas contra sus críticos.
Y es en este contexto, en el que quiero reproducir algunos breves extractos de sus pensamientos. Debo admitir, que soy ferviente admiradora del Acta de Independencia de los EE.UU. y la he aprendido casi de memoria, porque me parece uno de los documentos más lúcidos y valientes que se han escrito en la historia de la humanidad. Por ello, puedo asegurar que las palabras de McFarland contienen mucho de su esencia y actualizan esta nueva era de retos que estamos viviendo.
El discurso se realiza en el marco de la Independencia de los Estados Unidos de América y el embajador explica que la creación de los Estados Unidos no sólo fue una revolución política sino una revolución social, casi un salto al vacío.
“Los artífices fueron hombres y mujeres de todos los estratos sociales. Encontraron que una cosa es declarar independencia, y otra cosa es construir una democracia. El respeto al Organismo Judicial, el aceptar la competencia partidaria y la alternancia en el poder –todos estos principios que a los norteamericanos nos parecen obvios ahora– requirieron mucho trabajo y liderazgo de los gobernantes, de los opositores y de la sociedad civil; descubrimos que ningún partido, ningún sector social, ningún gobierno tiene el monopolio de la razón y de los principios”.
La República nació con muchas deudas sociales, principalmente la esclavitud y la política hacia los derechos políticos de la mujer. Sin embargo, la idea, la convicción de que los objetivos primordiales de una democracia son la libertad y el bienestar para todos motivó que las siguientes generaciones avanzaran sobre estos y otros retos. La equidad de oportunidades para todos sin importar la raza, etnia, clase, género u orientación sexual tiene que ser el norte de la democracia.
El embajador destacó que “la equidad de oportunidades para todos sin importar la raza, etnia, clase, género u orientación sexual tiene que ser el norte de una democracia”. Mencionó cómo el gobierno de EE.UU. cooperó en respuesta continental al golpe en Honduras, donde los gobiernos de las Américas enfatizaron que las diferencias políticas, aún las más agudas, deben resolverse a través del diálogo y el respeto a la ley y la democracia.
Luego agregó en el caso de Guatemala que “para trabajar cooperar mejor tenemos que trabajar cada vez más como socios, sobre todo ahora que encontramos en Guatemala una encrucijada en cuanto a la lucha contra la impunidad y por los derechos humanos, y contra la exclusión y la pobreza”.
Uno de los retos de trabajar en Guatemala es, “romper la burbuja”. Hay que salir de esta zona y de esta ciudad, y estar con la gente de a pie, con la gente más necesitada y relegada, para avanzar realmente en los temas que afectan nuestros pueblos”.
McFarland se refirió a la importancia que tuvo para los fundadores de los Estados Unidos el “dar saltos al vacío” en momentos críticos. Quizás este es uno de los aspectos más importantes de tomar en cuenta en momentos como el que atravesamos, cuando pueblos necesitan cambiar, revolucionar, atreverse, explorar territorios que jamás han conocido.
Necesitamos dar un salto al vacío para atrevernos a salir de la burbuja en que vivimos y tocar de frente el rostro de la miseria. Debemos dar un salto al vacío para ser menos tolerantes ante el abuso, la corrupción e inequidad. Debemos dar un paso al vacío, para elegir gobernantes regidos por los valores y los principios. Debemos dar un salto al vacío para cambiar nuestra Guatemala herida y golpeada a través del diálogo y la tolerancia porque como dice McFarland “Ningún partido, ningún sector social, ningún gobierno tiene el monopolio de la razón y de los principios”.
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