Ese espejismo reitera al otro y ambos parecen tener razón.
Dicen que si uno repite a menudo sus propias mentiras al final uno mismo se las cree. Algo así ha sucedido con aquellos que desde hace dos años al menos decidieron que el escenario político guatemalteco está dividido entre el oficialismo chavista y la derecha golpista. Y para creerse su propio espejismo se recopilan evidencias dispersas que, leídas con otros lentes, darían conclusiones distintas. Algo así como el chiste de que es largo, peludo y tiene dos bolas. El camello es la respuesta correcta, lector malpensado.
La lógica de la confrontación normalmente sigue patrones muy similares. En primer lugar se construye una caricatura del opositor (Colom es Chávez, por ejemplo). Luego se procura evidencia para sustentar la caricatura (Colom amenaza y asesina a sus opositores, Colom procura coartar la libertad de expresión, Colom es débil frente a grupos radicales de izquierda que son los que realmente gobiernan). Y finalmente se le deshumaniza al contrincante (Colom es un asesino que no merece el menor respeto, Colom es un títere del chavismo, Colom es un dictador en ciernes). Quiten el nombre Colom de las frases anteriores, sustitúyanlo por el de Sandra Torres, y el resultado es el mismo: caricatura, evidencia falsa (pero sustentada en hechos aparentemente objetivos) y deshumanización.
Pero como la confrontación necesita al menos dos posiciones para poder desarrollarse, existe también otro espejismo. En este caso la caricatura contraria es que todos los empresarios, los medios de comunicación y la derecha intelectual son golpistas. La evidencia es que les gusta Micheletti, cortejan el poder militar, y no renuncian al uso de la violencia como forma para resolver problemas sociales. El colofón es que los empresarios, medios e intelectuales de derecha son conspiradores con los cuales no vale la pena siquiera conversar y más bien habría que volarles palo lo antes posible.
Por supuesto que cuando se juntan las dos mitades, la naranja calza perfecta. La oposición conservadora critica al Gobierno y por eso es golpista, y el Gobierno ataca a la oposición conservadora y por eso es chavista. Un espejismo reitera al otro y todos parecen tener la razón. Y mientras las elites políticas, económicas y mediáticas se entretienen en esta tragicomedia de espejismos, la mayoría ciudadana nos enfrentamos a la realidad verdadera de un país abrumado por la miseria, el hambre, la inseguridad y la enorme impunidad frente a los crímenes más violentos y atroces. Pobre Guatemala: tan lejos de Dios, y tan cerca de Honduras y Venezuela.
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