La semana pasada, el presidente Álvaro Colom anunció que, a juicio del Gobierno, la reconstrucción nacional de los daños causados por la erupción del volcán Pacaya y la tormenta tropical Agatha...
La semana pasada, el presidente Álvaro Colom anunció que, a juicio del Gobierno, la reconstrucción nacional de los daños causados por la erupción del volcán Pacaya y la tormenta tropical Agatha, fenómenos naturales acaecidos en nuestro país los últimos días de mayo y primeros de junio de este año, tendrá un costo de Q7 millardos 800 millones. Asimismo, Colom anunció que el Gobierno no cuenta con dichos recursos, por lo que apelará a la contratación de más deuda pública interna (bonos de reconstrucción). De paso, el Gobierno ya está echando mano hasta agotarlos de los dineros obtenidos por el Estado como consecuencia de la venta de los activos del Estado (privatización).
Antes de los destrozos que dejaron tras de sí los fenómenos naturales indicados, el presupuesto estatal estaba desfinanciado, a pesar de que el Congreso, con opinión favorable de la Junta Monetaria, aprobó un endeudamiento público adicional por Q4.5 millardos, de los cuales Q3.5 millardos se destinarán a proyectos predeterminados por los diputados (¿constructores?) y solamente Q1 millardo para satisfacer las necesidades del Ejecutivo, después de largas negociaciones político-electorales entre el Ejecutivo y el Legislativo. En todo caso, la crisis de las finanzas públicas está planteada aún antes de los daños ocasionados por los citados fenómenos naturales, ya que el presupuesto estatal para este año no se ajusta a la realidad, por más que la recaudación tributaria haya venido aumentando paulatinamente.
Por otro lado, si consideramos no solamente el endeudamiento estatal, sino también el de las municipalidades y el del IGSS, la deuda pública ha aumentando drásticamente en los últimos 2 años y medio, lo que se ha traducido en más gasto principalmente burocrático y clientelar con fines reeleccionistas del oficialismo. No hay obra pública importante ni tampoco una mayor satisfacción de necesidades esenciales (salud, educación, seguridad).
El Gobierno ha exigido la aprobación de más impuestos para financiar el gasto público, pero no ha tenido eco entre la población debido principalmente a la recesión económica en que estamos sumidos (que se caracteriza por la desinversión, la restricción del crédito, el desempleo y la caída del consumo), que los “expertos gubernamentales” niegan y, por el contrario, dicen que existe bonanza y una significativa creación de nuevos empleos. Lo anterior sin perjuicio de la opacidad, corrupción y despilfarro que imperan en el sector público.
Ahora viene el Gobierno con que se necesita plata para la reconstrucción. Luego las preguntas obligadas son: ¿por qué no se desatan los Q3.5 millardos que los diputados se autorecetaron? ¿Por qué no se detiene la burocratización y el clientelismo?
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