También conocido como síndrome X, no se trata de una enfermedad, sino de un conjunto de problemas de salud que encuentran su raíz en la presencia de sobrepeso u obesidad, a la vez ocasionados por alteraciones en la glándula hipófisis, quizá la glándula endocrina más importante del organismo.
El gran problema del síndrome metabólico es que los problemas de salud derivados del mismo no presentan síntomas y si no son diagnosticados a tiempo pueden hasta causar la muerte. Hablamos por ejemplo de la hipertensión, de la enfermedad cardíaca, la diabetes y los accidentes cerebrovasculares, entre otros. “No podemos hablar de síntomas dentro del síndrome X, sino de signos, una mujer con 88 centímetros de cintura o un hombre con 102 centímetros de cintura seguro lo tiene, lo mismo que alguien que presente una presión arterial por encima de los 130/85 o un nivel de azúcar en la sangre por arriba de cien, o bien, grasa corporal mayor a los 28.8 kg/m2”, explica Luisa Meoño, médico del Centro Integral de Salud Kyr’a. Es más, una persona puede padecer el síndrome metabólico aún si no presenta demasiado sobrepeso, como el caso de aquel que sólo tiene 20 o libras de más, pero su grasa corporal abarca más del 40 por ciento de su cuerpo.
También es cierto que la obesidad además trae consigo problemas de salud visibles o notorios, como dificultades para caminar que pueden derivarse en artrosis (daño en las rodillas), fatiga o apnea del sueño. “No existe gordo sano, aunque la persona haga ejercicio, por eso es tan importante que quienes padecen de obesidad o sobrepeso se sometan a una serie de exámenes, al menos una vez al año, para encontrar a tiempo cualquier anomalía dentro del organismo, es necesario ver cómo están sus niveles de colesterol y de triglicéridos, y revisar su presión arterial y sus niveles de azúcar en sangre”, continúa Meoño, quien a la vez recomienda que el primer paso que debe dar el paciente es eliminar las grasas de su dieta e iniciar una rutina de ejercicios de al menos tres horas semanales, pues en la mayoría de casos el resto de padecimientos pueden corregirse únicamente con la pérdida del peso que sobra. De no ser así, el médico deberá analizar la situación para sopesar la posibilidad de medicar al paciente en materia de hipertensión o colesterol alto.
Pero perder peso y, después, mantenerlo bajo no es fácil. “Hay que tener mucho cuidado con las dietas que prometen bajar peso en tiempo récord, o que se basan en la ingesta de un solo alimento… Para que no se dé el famoso efecto rebote, el paciente debe seguir un régimen que elimine lo más posible la ingesta de grasa, de manera que no sólo pierda peso, sino grasa corporal y medidas, y sobre todo, que adopte esa nueva manera de alimentarse a largo plazo. El cambio debe ser de estilo de vida, incluyendo por supuesto la actividad física”, explica la doctora. Así las cosas, lo ideal es consultar con el médico de cabecera en primera instancia, para que sea él quien refiera al paciente con el especialista que considere más apropiado según el caso. “La persona debe considerar también el acudir con un psicólogo o psiquiatra, pues detrás de la obesidad muchas veces existe una autoestima muy baja o una depresión, y es acertado que el paciente resuelva al mismo tiempo estos detalles, sobre todo para que después su recuperación sea completa”, concluye Meoño.
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