El artista plástico y poeta Alejandro Marré presenta su reciente libro de poemas hoy en la Alianza Francesa.
Flaubert introdujo el tedio a la literatura en 1857 con su Madame Bovary. Desde entonces esa temática ha sido trabajada en la poesía sin cansancio. Desde una camisa y una corbata, una oficina de cuatro paredes y los horarios guardianes de cada asalariado. La poesía sirve para salvarse de ese sistema. Así se presenta el libro que recopila poemas Centhury Gothic Punto 10, del artista Alejandro Marré. Este es el segundo título del poeta, que se realiza bajo el sello de Vueltegato Editores.
La rutina te mata, incluso más que el retiro. ¿Cómo combatir entonces el tedio? Con la poesía. “Century Gothic surge como una compilación de mi trabajo de los últimos dos años, siguiendo una línea imaginaria y un tono, como en el caso de Times New Roman Punto 12 (2005), en donde hago una selección de poemas cortos y reflexivos a través de los cuales trato de cuestionar al tedio y al absurdo de nuestra contemporaneidad. Ha sido una sorpresa agradable en mi vida poder seguir compartiendo mis ideas a través de la poesía”, comenta Alejandro al respecto.
¿Es lo sencillo lo más complicado?
– Es la tarea más compleja pero enriquecedora, el camino mismo, el proceso, te permite mandar a la chingada muchísimas tonterías y tratar de dar en el blanco con los ojos cubiertos y con las manos muchas veces amarradas. Personalmente creo en lo simple, en el silencio, en esas pausas en las que uno puede escuchar cómo suena la vida, es decir la poesía misma.
¿Cómo logra la poesía liberar de los demonios al humano?
– La poesía también podría ser un pequeño demonio, uno que te susurra y te dice por ejemplo “Carpe Diem”, o “Aguas que hay viene la tira”. Personalmente creo que la poesía es un llamado cósmico que te recuerda que estás completamente vivo y que incluso se puede dejar por escrito. Así que como proceso humano, definitivamente sacará a luz todo lo que no sale de otra forma lógica, racional o terrestre.
¿Cómo se introduce lo cotidiano en tu poesía?
– Porque surge de lo cotidiano, del caos, de lo que no tiene poesía o sí. De las colas para subirse a un elevador, de lo mejor y lo peor de la especie humana en dos minutos y medio. Me gusta también poder decir algo que todo el mundo entienda, sin búsquedas, con el uso del idioma y sus distorsiones, o sus formas más locales. Usar palabras como “Google” que todo el mundo entiende o cree entender, para decir algo que yo entiendo o creo entender. De esta forma creo que no hay un panorama mágico, sólo realidad y desde esa dimensión escribo poesía.
¿Lográs confluir narrativa, poesía, canto y rutina?
– Es como una bipolaridad orientada a las artes, en donde de una manera que no entiendo, todo tiene sentido. Es como un ejercicio para salvarme de los días y sus horarios salvajes, de las noticias, del petróleo y de la humanidad misma.
¿Hay algo más allá de un poema?
– Creo que más allá de un poema, está la poesía, el poema es sólo un indicio, una fórmula para presenciar a la poesía, para acceder a ella.
Al leer tu poemario, surge una gran constante, el trabajo para vivir. ¿Cuál es? ¿Es más trascendental que la poesía o se convierte en ella al final del día?
– Más que el trabajo, puedo decir que la imagen del horario y del tedio es representada por el personaje central: “el asalariado”. Trato de hablar sobre el sistema y sus abismos, colocándome una corbata y saliendo a trabajar todos los días. Es decir, viviendo lo que vivimos todos durante el resto de nuestras existencias, que es el camino desde donde reflexiono y me dispongo a hablar. La imagen física de una oficina puede ser el lugar perfecto para hablar de lo mejor y lo peor de los seres humanos y por consiguiente habrá material sobre el cual conversar largo y tendido.
De definirte como artista, ¿qué arte es el que producís?
– Al hablar de arte, quizá podría definirme como un roquero sin guitarra y sin banda de rock. Por lo general tengo que inventarme el resto, por una infinidad de situaciones. Trabajo en muchas ramas del arte, a través de las cuales exploro y aprendo, esa es la mejor recompensa que el ser humano pueda tener. Talvez si llego con vida a los 70 años podré dedicarme al arte que me intriga, la cartomancia, jejeje.
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