Soy uno de los beneficiados de la obra de Don Bosco en Guatemala. Tuve la suerte de ser educado, desde primero primaria hasta graduarme de Bachiller en Ciencias y Letras en el ya distante 1973; en el Colegio Salesiano Don Bosco; que en sus inicios se llamara Santa Cecilia. Los salesianos inician su fantástica labor educativa, allá por 1929 cuando el padre Manuel Sicker llega a Guatemala. Pertenezco a la promoción XXIV que fuera guiada por magníficos maestros y sacerdotes de grata recordación. Mis hijos y sus compañeros, actuales estudiantes del Colegio Salesiano se encuentran alegres pues me dicen que viene Don Bosco.
Reflexiono y pienso que la obra educativa del santo de Turín, realizada en medio de muchísimas limitaciones económicas, en un momento histórico de la vida de Italia, en una sociedad en conflicto y transición que forjaba a la nueva patria capitalista frente a la sociedad del antiguo régimen y que en sus cambios sociales dispersaba familias, la mayoría empobrecidas, cuyos hijos, niños y jóvenes no tenían la posibilidad de educarse por carecer de medios económicos y de deambular muchos de ellos por las calles y avenidas de las principales ciudades italianas. El Estado italiano se estaba conformando y no tenía para entonces suficientes recursos económicos para generalizar una educación pública para todos los ciudadanos de ese país. Ha sido este infatigable educador que les brinda la oportunidad de educarse, no sólo académicamente, sino también bajo el auxilio de la religión católica y en consonancia con el fantástico gancho de los deportes y especialmente el fútbol, que incorporó por medio de los famosos oratorios salesianos. Un esquema educativo con el trípode lúdico que hace aprender a los niños y jóvenes, las enseñanzas académicas y religiosas.
Cualquier parecido con la realidad actual de Guatemala y especialmente de nuestras ciudades y pueblos no es mera coincidencia. En los asentamientos precarios de la ciudad de Guatemala y de otras ciudades secundarias del país no se ha atendido debidamente a los niños y jóvenes en pobreza o en la indigencia. Los integrantes de las pandillas juveniles y de las conocidas maras no tuvieron la oportunidad de educarse tampoco, pues no sólo el Estado ha fracasado en ese intento, sino especialmente el sector privado. Jamás tuvieron a su alcance un oratorio salesiano, que bien pudo haberles cambiado el destino. Me recrimino e invito a los ex alumnos salesianos que pensemos que hemos sido nosotros también corresponsables de no ampliar la cobertura de la obra salesiana en todas las ciudades y pueblos de nuestra Guatemala.
Ya es hora de empezar de nuevo o de recomenzar con el humanitario espíritu y gesto de Don Juan Bosco para educar a los niños que haga falta. Ojalá que ese espíritu de lucha nunca nos abandone y que la llegada de las reliquias del Padre Salesiano, el próximo 31 de julio constituya sólo un fuerte empujón para que sus hijos guatemaltecos pasemos de las palabras a las acciones y a concretizar en obras sus enseñanzas. Entonces, sí podremos cantar a todo pulmón, como en aquellos años infantiles y juveniles la famosa frase del himno salesiano: ¡Siguiendo las huellas que el astro dejó!
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
24 comentarios: