“Si algo te enseña Guatemala es que nunca debes poetizar o idealizar la realidad”.
Leí El arte del asesinato político (Anagrama, Barcelona, 2007) mucho después de la presentación del libro en Guatemala, cuando ya muy pocas personas hablaban del asunto. Deseaba formarme una opinión propia, tanto del libro como de las circunstancias que rodearon la tragedia y de las conclusiones a las que había llegado el autor; sobre todo porque el caso aún sigue vigente. Cuando todavía era candidato, Álvaro Colom le dijo a Goldman “que si resultaba electo presidente, crearía las condiciones para que el caso Gerardi tuviera el apoyo institucional que necesitaba para avanzar”. El lector puede comprobar ahora si esa afirmación tenía algún sustento. Las noticias, a partir del 26 de abril de 1998, el día en que asesinaron a Gerardi, fueron siempre contradictorias; como si vinieran de un territorio neblinoso, intencionalmente difuminado. La investigación tocaba las raíces del poder (sobre todo del poder militar) y eso lo hacía impenetrable. Además, aparecieron versiones que buscaban confundir a la población y dispersar cualquier sospecha que involucrara al poder económico, al gobierno de Arzú o a los militares, como las del libro de Bertrand de la Grange y Maite Rico, ¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político” (Random House, México, 2003) y las del artículo de Mario Vargas Llosa (El País, 22 de febrero de 2004). Afirmaciones como las del antropólogo forense español, José Manuel Reverte Coma, eran insostenibles. Según él, no se trataba de un crimen político sino del ataque de un perro. “Durante medio siglo —dice Goldman— el mundo clandestino militar había parecido inexpugnable. El caso Gerardi abría un camino para penetrar esa oscuridad”.
A partir de un artículo que escribió para The New Yorker y producto de ocho años de investigación, Goldman se adentra en los oscuros intestinos del poder para desentrañar el misterio de la muerte de Gerardi. Pero no se circunscribe a la investigación del crimen; construye un esbozo de la atmósfera del país y de sus personajes, lo que permite comprender, a quienes conocen poco de Guatemala, por qué hay un vínculo entre la publicación de Guatemala: Nunca Más. Informe del Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) y el atentado al obispo. El arte del asesinato político puede leerse como una novela policíaca pero no se trata de un relato ajeno a la realidad. La conclusión de la fiscalía, citada por Goldman, es que el asesinato del obispo Gerardi “había sido una ejecución extrajudicial metódicamente planificada (…), un crimen de Estado con motivaciones políticas”.
Guatemala, 16 de julio de 2010
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
1 comentarios: