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Guatemala, domingo 18 de julio de 2010

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PENETRAR EN LA OSCURIDAD


“Si algo te enseña Guatemala es que nunca debes poetizar o idealizar la realidad”.

Arturo Monterroso

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La burda maquinaria de la violencia se torna a veces sutil. Los hacedores del terror político afinan los mecanismos de tal manera, que logran construir un entramado complejo, ambiguo y difuso para trastocar las evidencias y confundir a los investigadores. Esto no sólo garantiza que los criminales saldrán impunes sino consigue la efectividad del mensaje, que más allá de la intimidación establece el ámbito del poder. El asesinato del obispo Gerardi es un caso paradigmático de esa sutileza; de esa manera de construir una serie de ficciones superpuestas para ocultar la verdad. El libro de Francisco Goldman, El arte del asesinato político, logra desentramar una buena parte de la urdimbre tejida alrededor de la muerte de Gerardi. Lo leí hasta hace un par de meses y, aunque esperaba que tuviera un aire de novela, siempre tuve la certeza de que estaba ante un importante reportaje periodístico. No es que Goldman haya prescindido de su experiencia como escritor de libros de ficción (se nota en la riqueza y en la agilidad del texto, así como en sus recursos narrativos), sino que, como buen periodista, se ciñe a la evidencia que va descubriendo paso a paso, sin olvidar que las pruebas son fundamentales para sustentar sus afirmaciones. El autor nunca pierde objetividad aunque le sea inevitable tomar una posición del lado de la verdad, la justicia y la inteligencia. Y nunca deja de caminar en el amenazador  aire enrarecido que acompaña a quienes hacen periodismo de investigación en nuestro país.

 

Leí El arte del asesinato político (Anagrama, Barcelona, 2007) mucho después de la presentación del libro en Guatemala, cuando ya muy pocas personas hablaban del asunto. Deseaba formarme una opinión propia, tanto del libro como de las circunstancias que rodearon la tragedia y de las conclusiones a las que había llegado el autor; sobre todo porque el caso aún sigue vigente. Cuando todavía era candidato, Álvaro Colom le dijo a Goldman “que si resultaba electo presidente, crearía las condiciones para que el caso Gerardi tuviera el apoyo institucional que necesitaba para avanzar”. El lector puede comprobar ahora si esa afirmación tenía algún sustento. Las noticias, a partir del 26 de abril de 1998, el día en que asesinaron a Gerardi, fueron siempre contradictorias; como si vinieran de un territorio neblinoso, intencionalmente difuminado. La investigación tocaba las raíces del poder (sobre todo del poder militar) y eso lo hacía impenetrable. Además, aparecieron versiones que buscaban confundir a la población y dispersar cualquier sospecha que involucrara al poder económico, al gobierno de Arzú o a los militares, como las del libro de Bertrand de la Grange y Maite Rico, ¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político” (Random House, México, 2003) y las del artículo de Mario Vargas Llosa (El País, 22 de febrero de 2004). Afirmaciones como las del antropólogo  forense español, José Manuel Reverte Coma, eran  insostenibles. Según él, no se trataba de un crimen político sino del ataque de un perro. “Durante medio siglo —dice Goldman— el mundo clandestino militar había parecido inexpugnable. El caso Gerardi abría un camino para penetrar esa oscuridad”.

 

A partir de un artículo que escribió para The New Yorker y producto de ocho años de investigación, Goldman se adentra en los oscuros intestinos del poder para desentrañar el misterio de la muerte de Gerardi. Pero no se circunscribe a la investigación del crimen; construye un esbozo de la atmósfera del país y de sus personajes, lo que permite comprender, a quienes conocen poco de Guatemala, por qué hay un vínculo entre la publicación de Guatemala: Nunca Más. Informe del Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) y el atentado al obispo. El arte del asesinato político puede leerse como una novela policíaca pero no se trata de un relato ajeno a la realidad. La conclusión de la fiscalía, citada por Goldman, es que el asesinato del obispo Gerardi “había sido una ejecución extrajudicial metódicamente planificada (…), un crimen de Estado con motivaciones políticas”.

 

Guatemala, 16 de julio de 2010

arturo.monterroso@gmail.com

 

 

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1 comentarios:

  1. Celso Hernández: (2010-07-18 10:01:05 horas)
    Me tomó muchos años entrar en la literatura guatemalteca referente a la guerra de baja intensidad. El libro de Goldamn es excelente y nos hace entrar en la antesala de la muerte en Guatemala. En lo macabro de los servicios de inteligencia y de seguridad ligados al Estado y a los años de represión. Aún me pregunto que hay detrás de las mentes de aquellos que llaman por el regreso de estos últimos a primer plano. Serán que sienten un grato recuerdo de ver el país envuelto en llamas y en sangre? Pero bueno, dejemos ese período de nuestra historia en suspenso para mencionar el libro de Cardoza y Aragón, La Revolución Guatemalteca, el cual llegó a mis manos por pura casualidad. Estaba nuevo, en la biblioteca en donde lo habían colocado, nadie lo había abierto. El nombre causa pavor, o malos recuerdos, curiosidad, etc. La cuestión es que fue escrito a los dos o tres años de la entrada de las huestes del MLN y de la CIA a Guatemala en 1954. El período es analizado desde el punto de vista de un funcionario del gobierno de Arbenz, por un excelente escritor guatemalteco, y los datos que son expuestos nos permiten de comprender mejor el período 1944-54, las razones que tuvo el imperio para atacarnos, todo el movimiento que se fue urdiendo para que Guatemala fuera agredido por el gobierno norteamericano y por los gobierno del continente, gracias a la "prensa libre" del continente. Le recomiendo a los Sres. de El periódico, de leerlo, tendrán una muy buena escuela y podrán seguir preparando a la opinión pública a la agresión que prepraran los Estados Unidos, los ejércitos del continente y las élites regionales contra Venezuela. Pero bueno, lean a Cardoza y Aragón, es refrescante, es interesante, inteligentemente presentada las razones por las que guatemaltecos nacionalistas ofrendaron sus vidas por echar del poder a las huestes proamericanas y porqué el conflicto no ha terminado.
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