En un reciente discurso, el presidente Álvaro Colom expresó que se necesita unidad para que nuestro país “salga adelante y poder reconstruirlo”.
En un reciente discurso, el presidente Álvaro Colom expresó que se necesita unidad para que nuestro país “salga adelante y poder reconstruirlo”. Agregó Colom que, “no puede ser que mientras unos construyen, otros destruyen, mientras unos fomentan la unidad nacional, otros polarizan”.
El Artículo 182, párrafo segundo, de la Constitución reza: “El Presidente (…) es el Comandante General del Ejército, representa la unidad nacional y deberá velar por los intereses de toda la población de la República”.
De conformidad con la misma Constitución, el Presidente de la República debe colocarse por encima de los debates y competencias político partidistas y, por consiguiente, no debe favorecer a partido político alguno durante su gestión.
La impresión que se tiene es que Colom no ha sido el Presidente de todos los guatemaltecos ni representa la unidad nacional. Por el contrario, se le percibe como un gobernante sectario, que privilegia con exclusividad los intereses políticos de la UNE, que presuntamente postulará como candidata presidencial a la señora Sandra Torres de Colom.
Además, el discurso de Colom siempre ha sido confrontativo y generador de fisuras en la sociedad guatemalteca. Fomenta el odio, la intolerancia y la provocación. Por supuesto, la consecuencia de esta actitud intransigente ha sido la desconfianza y la división.
Por tanto, Colom no personifica la unidad, la reconciliación y la armonía. Tampoco ha entendido que los adversarios, disidentes y críticos no son enemigos a los que hay que destruir, callar o aniquilar, ni que un gobernante demócrata debe estar dispuesto siempre a dialogar, negociar y consensuar los asuntos de interés público y nacional.
En conclusión, el presidente Colom está cosechando lo que ha sembrado: discordia, conflictividad y polarización. Siembra vientos y cosecharás tempestades, dice el refrán.
Sin embargo, todavía no es tarde para que Colom retome el camino de la conciliación, de la tolerancia y del debate franco, constructivo y abierto. Los guatemaltecos lo están pidiendo a gritos, en función de que, mediante el consenso, se aborden con la mayor eficacia posible los graves problemas que nos aquejan.
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