Somos un país repleto de jóvenes. Prácticamente la mitad de la población tiene menos de 18 años, lo que ya nos advierte que el futuro será novedoso porque el país puede reinventarse fácilmente. A diario llega el montón de muchachos a la mayoría de edad, con sus títulos escolares inventados, deseosos de aprender y de trabajar, pero sin muchas opciones dónde ocuparse. El calvario empieza los lunes, cuando los nuevos ciudadanos buscan en los clasificados del empleo una oportunidad laboral, y lidian con la desesperanza ante los requerimientos subjetivos que les vedan la posibilidad. Por ejemplo, es común que los empleadores encabecen el listado de requisitos con la “excelente presentación personal”, y la gente se pregunta ¿qué querrán decir con eso?, ¿se referirán a la ropa, a la estatura, al color de piel, o al corte de pelo? La mayoría de los muchachos se desilusionan porque su estar presentables quizá no coincida con el juicio del empleador. Hasta se dan por perdidos al verse reflejados en el espejo y compararse con los modelos anglos del cine, porque su físico dista mucho de coincidir con los modelos que Occidente impulsa. El caso de las jovencitas es mucho peor, porque si la naturaleza no les deparó protuberancias acordes a las que comercializan las revistas mexicanas devotas de Eros, se tendrán que conformar con los despojos o los puestos a la sombra, o para querer impresionar al momento de la entrevista se arreglan de manera patética.
Así que ya con desaliento, los buscadores de empleo continúan la lectura de la oferta limitada a jóvenes entre los 20 y 30 años, porque para ellos es el paraíso, no así para los más jóvenes, quienes deben deambular desocupados por años esperando turno, ni para los viejos de 30, ubicados en el margen de la vida productiva. Y la confusión se ensancha ante el requisito de “Ambos sexos”, porque no entienden si están abriendo la oportunidad a unos y otros, o si específicamente deben satisfacer los postulantes el requerimiento dual.
También piden buena voz en el teléfono, estudios completos o universidad a medias, vehículo propio, dominio del idioma inglés, disponibilidad inmediata (es decir, estar desempleados), y estar “acostumbrados a trabajar bajo presión”, lo cual es un sinsentido si se está buscando jóvenes sin experiencia, y todavía se tornan más exigentes los requerimientos cuando reclaman ciertos atributos de personalidad como ser “extrovertidos”, donde falla la mayoría de chapines hechos con música de marimba, callados, discretos y reservados, expulsados para siempre del paraíso. Y la decepción se amplifica cuando se exhibe cifras tan modestas como ingreso meta que pareciera se va a trabajar por amor al arte. Somos un país de jóvenes a punto de transformar esta nación. El pasado ya no importa.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
12 comentarios: