Con el título de “Abogados perniciosos” se publicó en este matutino, el sábado 17 de los corrientes, una carta del lector Julio César Toriello. Como el contenido de la misma es breve, me permito transcribirlo íntegramente: “Sin ética, propiciadores de la impunidad, retorcedores de la ley, entrampadores de juicios y absolvedores de criminales mercantilistas y corresponsables de la confrontación social actual, con notables y honrosas excepciones”. Palabras lapidarias que denotan claramente un aborrecimiento pleno por el gremio profesional del Derecho. Tendrá sus razones don Julio César para haber, con tal capacidad de síntesis, dicho tantas cosas.
Soy abogado y me consternó profundamente constatar, una vez más, el repudio que se tiene contra los otrora llamados “letrados”. Después del impacto que me causó leer semejante apreciación, tuve más calma para reflexionar sobre la percepción que tiene el señor Toriello sobre nosotros, los abogados.
Hay quienes dicen que somos un mal necesario en la sociedad. Otros, simplemente dicen: “dime quién es tu abogado, y te diré quién eres”. Creo que el autor de la carta en realidad se refiere a los que Ignacio Burgoa Orihuela, denomina los simuladores del Derecho, como antítesis de los juristas.
Dice el maestro Burgoa que el simulador del Derecho es la negación de la jurisprudencia, que evidentemente no se agota en el aprendizaje de la ley. Es al que no le interesa la justicia ya que su proclividad pragmática le veda este interés. Las cuestiones jurídicas trascendentales son ajenas a su atención debido a su inclinación utilitarista que lo conduce por los caminos de la ganancia económica generalmente. Su principal preocupación estriba en la fijación y percepción de honorarios, aunque, por ausencia de perspicacia jurídica, no entienda bien el asunto que los pudiese generar.
El comentario del señor Toriello debe ser analizado y comentado en las aulas de las Facultades de Derecho, ante todo, con los alumnos del primer año de la carrera. Y después, hacer que el Colegio de Abogados y Notarios reaccione positivamente, demostrando que la impunidad no empieza por casa.
El Código de Ética Profesional de nuestro gremio es casi perfecto en cuanto a su contenido deontológico. Sólo falta que lo sintamos en lo más hondo de la conciencia. Tal vez solamente así, dejaremos de ser objeto de cartas fatales, chistes, insultos y estigmas sociales.
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