Un autor que renovó el género de la poesía en Guatemala.
Ayer le entregaron el Premio Nacional de Literatura a Enrique Noriega. Ayer por fin este país reconoció los méritos de un poeta que ha hecho mucho por hacer que la poesía crezca, discúlpenme por el lugar común, libre y fecunda en Guatemala.
Como escritor Enrique Noriega le ha dado al país una sólida creación personal, sumamente pulida, sumamente trabajada, que se extiende a lo largo de 6 libros, cada uno mejor que el anterior. Contrario a lo que sucede en la narrativa, en donde la cumbre se alcanza con la madurez, en la poesía –se dice– las mejores obras suelen ser las que se publican antes de los 40. Pero con Quique, tal como sucedió con Borges, el dictum se resquebraja: el paso de los años, las nuevas lecturas, la profundidad de la reflexión y la autocrítica constante, ha hecho que sus libros recientes, como sucede con La Saga de N o Épica del Ocio, muestren una vitalidad, un interés y un estilo en ascenso.
Como Luis Aceituno dijo en su encomio ayer, Quique es de una generación de poetas que renovó el género en Guatemala. Pertenece a un grupo apadrinado por la vieja revista Alero editada por Marco Antonio Flores –grande en la poesía y grande en la novela–, que hizo del español guatemalense un vehículo literario que arrasó con el barroquismo intestinal que nos describe. La palabra precisa, la economía de adjetivos, la verbalización de lo que era inconcebible verbalizar fue lo que marcó una nueva etapa en la poesía de este país. La primera etapa en la carrera poética de Quique muestra un escritor que corrige, reescribe y vuelve a corregir hasta la obsesión poemas desprovistos de todo adorno y vericueto innecesario.
Esta pasión por la palabra precisa y la oración concreta persiste en la obra de Quique hasta nuestros días y es lo que le ha llevado a publicar únicamente lo que maduró y sobrevivió a su rigurosa corrección.
Aparte de leer y escribir, Quique ha sido generoso en diseminar su experiencia y compartir sus conocimientos y sus libros. A partir de la década de 1980, han sido decenas, si no centenares, de poetas en ciernes y lectores los que han adquirido y reafirmado el gusto por la poesía.
Pero ahí no cesa el compromiso de Quique con la poesía y con la literatura en general. Quique ha sido también editor e impresor. Esa rigurosidad y cuidado con la que elabora sus textos la aplica también a diseñar y concretar libros. Primero lo hizo bajo su propio sello, Ediciones del Cadejo, y ahora en la Tipografía Nacional. Gracias a Quique hay ediciones nuevas, sencillas pero distinguidas, de los cronistas, y de autores claves en el desarrollo de la literatura nacional, como Rafael Arévalo Martínez, Arqueles Vela, que no habían sido reeditados, ediciones agotadas de cronistas, como La Brevísima Relación de la destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas. O rarezas, como Mi vida con Enrique Gómez Carrillo, escrito por Aurora Cáceres, quien fue la primera esposa del cronista.
Poeta, maestro y editor, y también amigo cálido y generoso, el Premio Nacional de Literatura se honra honrando a Quique Noriega. Un abrazo para él y una felicitación para Aída y Aídita.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
6 comentarios: