Presidente: he escuchado decir que –a pesar de sus desaciertos, su incumplimiento de promesas, su nulo liderazgo y su ambivalencia– usted es “buena gente”. Lo mismo se dijo de algunos de sus antecesores, pero lo cierto es que a la gente se le conoce, no por su cara, no por su forma de hablar… sino por los frutos que su vida da… usted produce hiel y desazón para el pueblo.
Conforme su cinismo se afirma, usted ha demostrado codicia exacerbada y ningún deseo de defender lo toral… que es la vida humana; las expresiones de desencanto de la población suben de tono… muy a mi pesar, estas sólo se escuchan en los velorios, restaurantes, sobremesas y otro tipo de reuniones sociales… y no retumban –como debiera ser en una auténtica democracia– en las calles, no paralizan –como ocurriría si la población no estuviera alienada– el país… no llegan las protestas, a la puerta de su casa, sino más bien castigan… a quienes no tienen la culpa de su desgobierno.
Hemos perdido, además de el derecho a la vida y a una justicia pronta y cumplida… derecho a la libre locomoción, pues esta está supeditada a manifestaciones que debieran realizarse en la puerta de su casa, a asesinatos de los cuales usted se siente ajeno, porque –auque “es socialista”– se rodea de aparatosa seguridad y viaja en blindados, helicópteros o aviones privados… y –por supuesto- como cualquier “socialista de convicción” luce un “Rolex Presidente”, cuyo costo supera el de la mayoría de los automóviles en que se moviliza la clase media del país… joya que “estamos seguros”, se lo ganó “con el sudor de su frente”.
A usted, Presidente, le quedó enorme el apellido y el tacuche; su tío –de estar vivo– le habría quitado el habla; usted no se merece –que el pueblo que le eligió– le llame “señor Presidente”, aunque quizá, se sienta como el funesto Manuel Estrada Cabrera y piense: “El poder soy yo”. ¿Así se siente usted Presidente?, ¿acaso la rosca de mediocres que le rinden culto le han hecho sentir que levita en lugar de caminar?, ¿se siente usted un rey y piensa que los votantes son sus súbditos? Sus impúdicos insultos, de “cuidarse” o “aguantarse”, evocan a la obtusa reina Maria Antonieta quien –se dice– exclamó “que coman pasteles”, cuando fue informada de la hambruna.
Usted ha ignorado la desnutrición crónica infantil, mantiene en crisis los hospitales públicos, insulta al pueblo y se han registrado –durante su mandato– 9 mil muertes violentas. Lo invito a que vaya –sin guaruras– a cada funeral de víctimas mortales, se pare junto al féretro y repita: “aguántense y cuídense”. Usted ha desperdiciado la invalorable oportunidad que Dios le dio de servir a su patria… no de hartarse de ella; la historia lo juzgará como uno de los peores presidentes. Proverbios 29:2 “Cuando predominan los justos, la gente se alegra; cuando los malvados gobiernan, la gente sufre”. ¡Piénselo!
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