Romper el miedo al debate abierto y transparente.
El origen etimológico de la palabra educación significa dirigir, encauzar, orientar, formar. Es una acción que se desenvuelve en el hogar, en el medio social, en la escuela y a través de los medios de comunicación y sistemas de información. Todas tienen diferentes dimensiones, en unas se hace más hincapié en el sostenimiento de los hábitos, costumbres y tradiciones. En otras se fortalecen valores religiosos, morales y espirituales o bien intentan formar conciencias de ideas forjadas por grupos de interés.
La escuela tiene por lo tanto un doble papel, puesto que le corresponde la compleja y difícil tarea de formar competencias académicas a fin de perfilar un estudiante que no sólo goce del placer del conocimiento, sino de construir conciencias ciudadanas capaces de vivir con dignidad, tolerancia y respeto con su entorno social y natural. Lo que se traduce en el sentido que el ente rector del sistema educativo de un país debe poseer como condición necesaria lucidez acerca de esta enorme responsabilidad.
La mayoría concordamos que en el ámbito de la educación, no cabe la ocurrencia, la improvisación, ni mucho menos la abulia, la anomia y la pereza mental. Porque se trata de formar inteligencias, ciudadanos, personas que humanamente puedan convivir armoniosamente con los otros y con la naturaleza. Los entornos sociales y naturales son nuestras fuentes de inspiración y construcción individual. Y todo esto, es lo que debemos matizar y relativizar en el medio guatemalteco tomando en cuenta que existen lindas experiencias en algunos centros educativos públicos o privados.
Sin embargo en el conjunto de muchas escuelas, institutos, colegios, tengo la impresión que no hay hasta hoy, claridad suficiente acerca del rumbo y del sentido de educación. Hay una especie de acomodamiento al devenir de la mediocridad, al desorden, a la anarquía, a la desorientación, a la ocurrencia debido a la ausencia de políticas de largo plazo que requiere el sistema educativo, y a la exigencia de una mejor cobertura con calidad y equidad humana. Pareciera que el ente rector de la educación de nuestra sociedad no se ha detenido en el camino a pensar y repensar la educación y marcar así, el rumbo que se debe de tomar de acuerdo a los entornos sociales, culturales, ambientales e internacionales.
La gestión del ente rector de la educación en nuestro país no puede dinamizarse a través de la administración, la cual es necesaria pero no suficiente, y tampoco ocuparse solamente de dar respuestas a coyunturas sociales, políticas, económicas o de desastres naturales, porque la tarea educativa no sólo es de fondo, sino que se traduce en la práctica como aquella que encauza, orienta, forma y dirige. Y para llevar a cabo esta acción se necesita voluntad política, claridad y conocimiento del fenómeno educativo de quienes ostentan los puestos de conducción del ente rector y una esmerada afinidad de propósitos acerca del rumbo de la educación entre la sociedad civil y la sociedad política.
Ahora bien, ¿cómo lograr este acercamiento en una sociedad desmembrada y jerarquizada?, ¿cómo lograr que nuestra clase política entienda que una de las pocas salidas que nos quedan para forjar un mejor futuro estriba en la atención que se le dé a una buena educación? Pienso e insisto que una pequeña ventana, es romper el miedo al debate abierto, transparente, sin dobleces, sin ataduras, pero con ideas sólidas que puedan ser sustentadas con talante y talento.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
11 comentarios: