La débil respuesta que el estado de Guatemala ha dado al narcotráfico, explica que en nuestro país el tráfico de drogas sea prácticamente incontrolable, por tierra, mar y aire.
La débil respuesta que el estado de Guatemala ha dado al narcotráfico, explica que en nuestro país el tráfico de drogas sea prácticamente incontrolable, por tierra, mar y aire. Las incautaciones de droga son escasas, casi nulas.
Por otro lado, la narcoviolencia tiene aterrorizada a la población guatemalteca. Sin duda, nuestro país se convirtió en una Nación atrapada por el narcotráfico. Todos los días se registran crímenes atribuidos a las mafias que se dedican al tráfico de narcóticos. Los enfrentamientos armados entre bandas del narcotráfico ponen de manifiesto el calibre de armas con que cuentan los narcosicarios, así como la crueldad de su accionar criminal.
Dos son los síntomas más crudos de la narcoactividad en un país: el debilitamiento institucional que desemboca en anarquía e impunidad, y la violencia generalizada.
Otro tema crucial para nuestro país es el aumento del consumo de drogas por parte de la población guatemalteca. Dos son las explicaciones que se dan a este incremento: la primera es el pago en especie que se está haciendo a los colaboradores locales, y la segunda es que no se está haciendo prácticamente nada en materia de reprimir la demanda incremental en Guatemala.
La percepción que se tiene es que nuestra sociedad está a punto de rendirse ante el narcotráfico, ya que el estado de Guatemala es prácticamente impotente frente a esta maldición, esta peste, que nos está destruyendo como sociedad. Nos carcome las entrañas y devora nuestro futuro, dejándonos sin esperanza y sin ideales.
No sirve de nada el sólo legislar y que nos sigamos llenando de leyes de papel. Más bien, se necesita una estrategia definida y acciones concretas que, efectivamente, tiendan a desbaratar los planes de los narcodelincuentes. También hace falta una estrategia de combate al consumo de drogas.
Lo más probable es que si seguimos de brazos cruzados, el narcotráfico se quedará con nuestro país y tendremos que someternos a sus designios. Los pocos que puedan irse se irán, la mayoría tendrá que quedarse y ser esclavizada por estos tiranos modernos. Trágico, pero es la realidad.
Sin embargo, debemos tener presente que un pueblo decidido puede escaparse de las garras del narcotráfico. Es cuestión de voluntad, carácter y guerra sin cuartel. No hay atajos que valgan.
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