Cuando se cita la palabra “arte”, el 80 por ciento de las personas piensan en pinturas.
Cuando se cita la palabra “arte”, el 80 por ciento de las personas piensan en pinturas. Cuando se dice “bellas artes” el 90 por ciento piensa en mujeres desnudas. Cuando se buscan referencias de genios el 95 por ciento recuerda a Picasso, Dalí o clásicos como Miguel Ángel. Es esta una estadística que explica por qué las mujeres en las artes visuales llegamos a ser y seguimos siendo cuerpos, más que los hombres, atendiendo el viejo sueño de Pigmalión. Cinco siglos de arte occidental y un sistema que fue diseñado a través del deseo masculino y una mirada dominante crearon el objeto de contemplación estética que aún seguimos encontrando hoy en la publicidad, en las vallas de las carreteras, en las revistas de moda. Y universalmente se acepta con condescendencia.
Las cosas han cambiado, sin duda. En los últimos 100 años la presencia de las mujeres en el sistema del arte pasó de ser objeto a protagonista de su propio destino. Pero 500 años de pensar las cosas de la misma manera aún cobran deudas. La imposibilidad de romper los esquemas en los espacios de dominio es algo que preocupa a activistas como las Guerrilla Girls. Integradas desde 1984, esta agrupación feminista sigue la tradición de los benefactores anónimos como la Mujer Maravilla o el comandante Marcos. Nada más horripilante que unas máscaras de gorilas –su marca de identidad– para aparecer en público y descolocar al turista cultural. “Usando el factor sorpresa, los hechos, las estadísticas y el humor exponemos el sexismo, el racismo y la corrupción vigentes en la política, el arte, el cine y la cultura pop”, dicen las Guerilla Girls. Sus apariciones frente a museos, universidades y su participación en grandes bienales de arte han logrado desentrañar los subtextos que aún persisten y conforman una conveniente noción de “normalidad”. Uno de sus materiales gráficos más conocidos lanza la pregunta: ¿hay que estar desnudas para entrar al museo Metropolitano? En referencia a una de las grandes instituciones museísticas en Nueva York, las Guerrilla Girls lanzaron esta campaña para sopesar su colección, la cual ostenta con menos del 3 por ciento de obras realizadas por mujeres, pero el 83 por ciento de los desnudos representados en obras son femeninos. Algo aparentemente inofensivo que provoca reflexiones.
Hoy día el activismo de las Guerrilla Girls parece obsoleta. Muchos museos se han dado a la tarea de revisar sus colecciones y la historia de las mujeres desde las miradas de las mujeres. Sin embargo, esta dinámica también ha ayudado a fabricar excusas para olvidar que la mirada dominante sigue siendo abrumadoramente masculina a la hora de los mundiales de fútbol o a la hora de vender cervezas... Por eso, las girls se mantienen alertas. Sus gestos provienen de un feminismo que se reconoce vigente, no como un puñado de anécdotas romantizadas y congeladas en el pasado.
Por su coraje y determinación intelectual, Yoko Ono, a través de la fundación Imagine Peace, galardonó el pasado marzo de 2010 a las Guerrilla Girls.
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