Más de un millón de niños y niñas se acuestan con hambre en el único país africano de Centroamérica: la bella y oligárquica Guatemala.
Mi artículo “Guatemala país africano” (elPeriódico 21-7-10), el cual se limitó a comentar otro artículo (El País 19-7-10), titulado “Guatemala africana” y firmado por Ariane Arpa (directora general de Intermón Oxfam), escandalizó la honda ignorancia de la servidumbre universitaria paraoligárquica que repite como lora que Guatemala es agrícolamente competitiva gracias a que el 80 por ciento de la tierra cultivable está en manos del 8 por ciento de la población porque la tierra sólo es productiva en grandes extensiones, como si uno propusiera que se reparta en trocitos. Y para justificar su ideota echa mano de estadísticas que omiten los costos sociales que tiene el régimen oligárquico-monopolista que nos agobia desde el siglo XIX.
Después de indicar que “los países con mayores índices de desnutrición infantil en el mundo son Burundi, Tanzania, Zambia... y Guatemala” y que “cuesta comprender cómo es posible que uno de cada dos guatemaltecos menores de cinco años sufra desnutrición crónica” y que “más de un millón de niños y niñas se acueste con hambre cada día”, la autora del artículo citado puntualiza que cuesta creerlo “porque la comida no escasea en Guatemala... para quien pueda pagarla”. Y sigue diciendo que “el hambre no cesa de crecer en Guatemala, desde un 14 por ciento en 1990 hasta el 16 por ciento, según los datos más recientes (2004-2006)”.
La autora afirma que la causa estructural del hambre en Guatemala reside en que el 80 por ciento de la tierra cultivable está en manos de sólo el 8 por ciento de la población. En otras palabras, reside en el régimen oligárquico de tenencia de la tierra. Pero la neoliberalada arguye que la culpa del hambre la tienen los pobres por tener tantos hijos y que la concentración de la tierra es buena porque en EE.UU. hay más tierra en pocas manos que en Guatemala y que, por ejemplo en Iowa, el 85 por ciento del terreno cultivable está en manos del 4 por ciento de la población. Y lo dicen como si Iowa fuera una republiquilla oligárquica y agroexportadora y no un Estado dentro de una federación que conforma un país industrializado en el que la tierra ya no es el principal medio de producción.
Además, la tenencia de la tierra en Iowa, si bien acusa (como en todo EE.UU.) una tendencia hacia el latifundio corporativo (no familiar), durante el despegue económico del país se basó en la pequeña y mediana propiedad agrícola y no en el latifundio oligárquico y monopolista. Y Guatemala no despega debido al régimen oligárquico de la tierra. Lo cierto es que el dato que escandaliza a la vil neoliberalada (a la cual saludo ahora desde Salamanca) “convierte a Guatemala”, como dice la autora del artículo citado, “en el segundo país del mundo con mayor inequidad en la tenencia de la tierra”.
Aunque estoy de acuerdo con el criterio económico de la autora de este artículo, no puedo estarlo con la afirmación suya según la cual “el Gobierno español –el mayor país (sic) donante a (sic) Guatemala desde 2006– tiene una responsabilidad clara ante esta situación. Un reto pendiente de la cooperación española es la atención a los grupos vulnerables que cultivan en zonas marginales o sin propiedad legal de la tierra”.
¡No! ¡La responsabilidad es nuestra! ¡Somos los guatemaltecos los que debemos impulsar un proyecto político que en vez de atender a “grupos vulnerables” vaya a la causa estructural del hambre y la miseria, y acabe para siempre con el criminal régimen oligárquico y fascista, instaurando una democracia que asegure empleo, salario y consumo para todos mediante la igualdad de oportunidades y la libertad económica!
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