El liderazgo puede verse desde distintos ángulos. Una de las acepciones proviene del poder que se ejerce por ocupar un cargo. Los títulos y la ubicación en el organigrama reflejan “quién manda”. Otra se desprende del reconocimiento a quien va al frente de una situación, haciéndose referencia al líder de la vuelta ciclística o a quien encabeza la encuesta de popularidad. También hay personas que poseen un gran carisma; su elocuencia, pericia y apariencia deslumbran y motivan a otros a apoyarles y seguirles. El liderazgo también puede asociarse con la identificación de alguien que posee ciertos atributos, necesarios para atender una tarea específica o para dirigir una estrategia determinada. De esta cuenta, en nuestros hogares discernimos con claridad quién nos guía cuando se trata de religión, música, cocina, plomería o deporte. Asimismo, conformamos equipos de trabajo que responden a las especialidades involucradas o a la experiencia de los participantes y sabemos quién es la autoridad en su campo. En algunas ocasiones, el liderazgo puede surgir ante una emergencia o cuando se abre una ventana de oportunidad. Lamentablemente, también hay quienes pretenden coaccionarnos para que hagamos lo que quieren.
Sin embargo, más allá de estas perspectivas, existe otra visión de liderazgo que trasciende la temporalidad, los cartones, las apariencias, la presión y las circunstancias. La misma resulta de la valoración de la autoridad moral, integridad, competencia, currículo y/o mérito de una persona, grupo, institución o nación. En esta categoría, ocupada por pocos, se ubican aquellos líderes a quienes admiramos por sus principios y valores, méritos y trayectoria. En ella se encuentran dos distinguidas profesionales de la Universidad del Valle, quienes recientemente recibieron sendos premios por su labor en el campo de las ciencias sociales. La primera de ellas, la doctora Marion Popenoe Hatch, recibió la Orden Pop por parte del Museo Popol Vuh, por su extensa labor y aportes a la arqueología. Por aparte, la American Psychological Association adjudicó el premio al psicólogo internacional destacado del año a la doctora María del Pilar Grazioso de Rodríguez, por sus contribuciones excepcionales a dicho campo. Guatemala se viste de gala con este tributo a dos mujeres ejemplares. Al aceptar el premio, la doctora Popenoe no hizo referencia a sus logros. Intervino para agradecer a muchas personas, colegas e instituciones que la han respaldado a lo largo de su carrera, destacando que nunca ha dejado de aprender de quienes le rodean. Ello confirma su grandeza y don de gentes. El auténtico liderazgo es aquel que los demás atribuyen libremente a alguien y que les motiva a seguir sus huellas.
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