En Guatemala las elites tenemos un problema, nos cuesta reconocer que lo somos. Aquí todo aquel que tenga más allá de un nivel primario es en realidad un elitista. En un país con poco acceso a alfabetizarse, no digamos educarse, somos un elite de aproximadamente el 40%.
Aunque existen extremos de la pita elitista, “explotadores y comunistas”, hay algo que une a ambos grupos. Ambos visitan países que consideran mejores que el nuestro, y ven lo que quieren ver. En muy raras ocasiones los elitistas puros conviven con la gente de a pie de esos países que quisieran imitar. Si lo hicieran pudieran ver que nuestra tierra no tiene nada que envidiar a las otras, por el contrario, debiéramos ser envidiados. Nuestro problema es que nos hemos concentrado en una lucha ideológica heredada de la Guerra Fría, y que dejó mucho dolor. Hemos persistido en recordar y actuar únicamente sobre lo que pasó, y la firma de la paz fue sólo un acto protocolario. Todo aquel que tenga más de 30 años todavía recuerda algo de la guerra, pero la mayoría de guatemaltecos tiene menos de 30, y por lo tanto no vivió el conflicto armado. La “ideología” sólo ha sido contada, no vivida. Algunos de estos jóvenes han continuado de alguna manera esta tradición de lucha ideológica, pero son la minoría. La gran mayoría lo único que ha visto es como crece la influencia del materialismo puro, ya sea a través de la corrupción, del narcotráfico, o la extorsión.
Las elites hemos dejado que la lucha ideológica interminable permita que se forme un tremendo vacío por debajo de los cimientos de nuestra sociedad. Nadie le puso atención a la desintegración de la familia ocasionada por las migraciones tanto internas como externas. Dejamos que los niños crecieran sin padres, ya sea porque se fueron al extranjero, o porque pasan la mayor parte de su día en un tráfico insoportable camino a sus trabajos. Nadie le puso atención al exceso de dinero que trajo el narcotráfico, ya que siempre se vio como un problema de los consumidores. Pero luego la droga se quedó aquí, y el dinero fácil corrompió valores y esperanzas. Hemos dejado a los políticos que “hayan”, aunque sepamos que son corruptos.
Si seguimos creyendo que la solución de este país es únicamente que uno de los bandos “gane” estamos condenados a caer al barranco hacia donde nos dirigimos. Es urgente que ambos lados reconozcan que habrá que sacrificar un poco los pensamientos, y acercarse al otro extremo. La única manera que este país salga de la caída en que estamos es que las elites reconozcan que hay corruptos que no tienen ideología más que la del dinero; que hay narcotraficantes que no tienen más interés que mantener su status quo; y que la juventud no ve un futuro y por lo tanto emigra al extranjero o se da por vencida y sucumbe ante las maras y el crimen.
Por eso, usted, elitista de este bello país, tiene el compromiso de dejar “parqueada” su ideología y preocuparse por que recuperemos la honestidad y los valores, y que las nuevas generaciones puedan volver a creer en un futuro.
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