El manejo del poder que aplica el Presidente de la República merece un análisis.
Al inicio del mandato de Álvaro Colom, cuando le presentaban iniciativas de políticas públicas para fortalecer las pequeñas economías campesinas a fin de superar la dependencia al crédito insuficiente y agiotista o a las decisiones voluntariosas de alcaldes u otros funcionarios. El Presidente respondió con sus programas dirigidos a la población más pobre con un fuerte componente clientelista, que niega a las personas su condición de ciudadanas porque sólo las reconoce como vulnerables sin potencial para ser autónomos. Ninguno de esos programas prevé la independencia económica de las y los supuestos beneficiarios. Este Gobierno efectivamente está haciendo cosas, pero actúa como un mandamás a quien le deben agradecer todas las ayudas que proporciona a los pobres, porque es incapaz de entablar diálogos con aquellas mujeres y hombres guatemaltecos que sí tienen capacidad de crítica y propuesta.
En lugar de recurrir a las argumentaciones propias de un gobernante, increpa a las y los investigadores o agrupaciones sociales que le plantean políticas distintas a las suyas. Esto lo hace porque sólo le interesa que lo escuchen, su forma de “gobernando” es lanzar discursos para gente que acepta pasivos los programas y decisiones gubernamentales como única alternativa. No es casual, que Colom y algunos funcionarios muy cercanos hagan alarde de que esa es su potestad por haber ganado las elecciones.
Con la prórroga a la empresa petrolera Perenco, sigue el mismo patrón. No le importa escuchar lo que expresiones organizadas de la sociedad civil proponen con respecto a la protección de la naturaleza ni a sus preocupaciones por la destrucción de humedales en la Laguna del Tigre. Con la supuesta potestad que se abrogan quienes se sienten superiores, actúa sin escuchar a nadie, incluso violando ordenamientos legales. Impone un convenio de 15 años a Guatemala movido por sus propias convicciones, que incluso lo distancian de algunos de sus ministros. Ante la lluvia de críticas, el Presidente se ve obligado a referirse a la decisión tomada. Claro que lo hace con prepotencia y sin sensibilidad social alguna, con voz sarcástica –que en su primer año de Gobierno nunca utilizó– el presidente de la República declaró que protegerá el medio ambiente con el establecimiento de destacamentos militares y el apoyo a concesionarios forestales (no importa que tales empresarios sólo quieran bosques para comercializarlos).
Si en opinión de Colom, en Petén no deben existir vacas, pero sí tuberías para sacar petróleo; entonces su voz anula cualquier otra. Pobre Guatemala, país donde, como dice mi colega Jacqui Torres Urízar, se aplica un modelo que no sólo genera pobreza sino construye riesgos para las personas y la naturaleza.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios: