El Ejército es sujeto de descrédito por sus antiguos aliados.
Los oficiales involucrados en actos de indisciplina en 1988 y 1989, fueron sancionados y retirados del Ejército. El licenciado Vinicio Cerezo terminó felizmente su experiencia presidencial, iniciando con él relevo en la presidencia a través de procesos electorales, cuya secuencia fue rota por decisión del presidente Serrano el 25 de junio de 1993. Acción apoyada por los mandos militares, que conocían la iniciativa presidencial, otros aceptaron esa decisión por una equivocada interpretación del mandato constitucional mientras que los oficiales de Inteligencia fueron contactados por actores civiles para buscar la forma de salir del problema creado por el presidente.
Para inteligencia militar, el golpe no tenía posibilidades de perdurar más de 72 horas, pero se prolongó por 6 días; primero porque ninguno lo esperaba, segundo porque, como bien lo señala Emma G. Martínez “El pueblo vio mayoritariamente el golpe como un pleito de cúpulas. Nadie en Guatemala va a derramar su sangre ni a arriesgar nada por la “institucionalidad democrática” o por “la constitucionalidad” del país. Ningún guatemalteco iba a salir a la calle a defender a los corruptos diputados de un Congreso al que ven como una cueva de ladrones… (Revista Envío/138) y en tercer lugar, porque esperaban la posición de la Embajada norteamericana –que condenó el golpe.
El retorno a la constitucionalidad fue posible por el rol de la Corte de Constitucionalidad –nada que ver con la actual–, de algunos actores sociales, políticos, directores de medios y el acompañamiento de unos pocos militares. Superada la crisis, Ramiro de León fue elegido presidente, el Congreso se autodepuró y los guatemaltecos volvieron a las urnas.
Actualmente el Ejército es sujeto de descrédito por parte de sus antiguos “aliados”, “amigos” y naturalmente por algunos ex insurgentes en el poder –lo cual es comprensible–, a pesar de ello continúa lidiando con tareas policiales y repartiendo bolsas solidarias. Estas condiciones obliga a recordarles a los miembros de las fuerzas armadas que “Los militares inteligentes, dejan que los electores castiguen el fracaso de los políticos; los tontos creen que les corresponde salvarlos”.
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