Una noticia buena y dos aún mejores: Julio Hernández Cordón acaba de impregnar las salas de la Cinemateca Nacional de México con los efluvios de Gasolina, su multipremiada película con calidad de exportación. La primera nueva inmejorable es que por fin concluyó Las Marimbas del Infierno, un tributo a seres heroicos que –como don Alfonso Tunche, el Dr. Blacko y el maestro Chiquilín—se atreven a tener sueños en el país de la eterna pesadilla. La segunda noticia inmejorable es que, aun sin estrenarse en Guatemala, ya hay quienes están esperando el eco de Las Marimbas del Infierno en festivales de cine alemanes, canadienses, chilenos y españoles, adonde llegará en las próximas horas o meses. Para qué darle más vueltas al asunto: Guatemala nunca te falla, siempre te queda mal. Porfirio Barba Jacob estaba en lo cierto: el camino más lindo de aquí es el que te lleva con rumbo a la chingada… Sí: pero todavía hay creadores llenos de luz que no se anclan en la condena sino que desplazándose contra vientos cuadrados, mareas demenciales y siglos de ruindad nacional, le hacen compañía a Sísifo y encuentran en el prójimo un motivo de tributo. ¿A poco no, Julio?
En el país de los daltónicos abundan los expertos en arco iris. Uno de ellos --de buena fe por cierto, algo ya impensable en estos rumbos-- le remite la siguiente pregunta: con “Gasolina” y con “Las Marimbas del Infierno”, ¿está usted en el proceso de construir algo así como el Dekalog, Jeden que en el remoto 1988 orquestó el director polaco Krzysztof Kieslowski?
-Me encantaría responder que sí pero no me atrevo ni a pensarlo. Mi trabajo es más austero en todo sentido. Aunque con Gasolina, Las Marimbas del Infierno y Polvo, el proyecto que se viene, mi idea es hacer una trilogía acerca de Guatemala. Pero aún no sé muy bien de qué trata esta trilogía.
¿Película, filme, lica, largometraje? Como director y guionista, ¿qué etiquetas acepta para “Las Marimbas del Infierno”?
-Una historia acerca de Guatemala contada por mí. Una historia que mezcla realidad y ficción y viceversa.
En el país de la insania mental generalizada, la oferta de saneadores de la psique también ha abundado. Uno de ellos quiere saber el porqué los protagonistas de “Gasolina” son tres y lo mismo sucede con “Las Marimbas del Infierno”. Este otro “experto” cree ver en estos “tres duplicados” un guiño a la masonería del rito escocés universalmente aceptado. Usted dirá.
-Un amigo me invitó a involucrarme con los masones pero no soy mucho de colectivos, ni agrupaciones ni nada que me exija ver cada semana o mes al mismo grupo de personas de manera obligatoria. Por eso nunca me gustó la escuela, ni soy mucho de reuniones familiares. Son tres porque se me ocurrió así, fue algo muy natural. Ni lo pensé. A lo mejor de niño jugué con dos niños más y conmigo éramos tres. Siempre había complots contra cualquiera, entonces siempre había tensión de quién se quedaría sin alianza.
De regreso en las etiquetas, a ciertos “cognoscentis” les gusta dar alas a la expresión “cine de autor” y aseguran que, desde su primer trabajo cinematográfico hasta el más reciente, usted viene realizando ese tipo de cine. ¿Acepta los cargos?
-Sí. Me gusta hacer las cosas a mi modo y bajo mi contexto. Y el cine de autor me da amparo para eso. Y luego tomé conciencia de que en este tipo de cine hay personas detrás de una cámara proponiendo una manera de ver la vida, una forma de relacionarse con su espacio, sus demonios y es un cine donde las concesiones se tiran a la basura. Y que acentúa que no existe una sola forma de contar una historia, un cine que contradice la teoría y luego se vuelve teoría. Si quisiera hacer cine de fórmula estaría en Los Ángeles y no en Guatemala. En Guatemala no existen las condiciones para ese cine.
Otro saneador de almas atormentadas jura que la recurrencia del basketbol tanto en “Gasolina” como en “Las Marimbas del Infierno” indica que en usted, además de un cineasta, hay un basquetbolista…
-Crecí bajo el reinado de Michael Jordan. Además ese deporte es el único evento donde las finales o marcadores pueden cambiar en los últimos segundos. Bueno, en las películas de fórmula también pero normalmente no son creíbles.
El crítico mexicano Carlos Bonfil acaba de referirse a “Gasolina” como “un relato de modestia extrema –verboso y minimalista--” que “en sus formidables últimas escenas” muestra “la sobriedad desapasionada que el moderno Hollywood de Guillermo Arriaga aún no puede permitirse”. ¿Qué le provoca el estar en tamaña compañía?
-Risa nerviosa pero sinceramente Gasolina es una película que la siento lejana en este momento. Me hubiera gustado leer esto hace dos años. Nunca me imaginé la respuesta que tuvo Gasolina en algunos medios de México.
Según Luis Tovar, “ver una película guatemalteca debe ser una de las experiencias más atípicas para el cinéfilo… Ver una película como ‘Gasolina’, típico producto del esfuerzo individual y colectivo de resultados plausibles no tan típicos, es todavía más inusual”. Lo inusual, más bien, ¿no sería que críticos mexicanos de cine se encierren más de una hora para ver una película guatemalteca y que no hayan salido hablando pestes?
-En Argentina salió el comentario de que ver una película de Guatemala era más extraño que ver un ovni en un clásico. No sé qué pasó en México. Es un país muy barroco para todo y de repente ven una película sin maquillaje, sin ganas de aparentar algo de más. Hay películas que parecen hechas por nuevos ricos, que se gastan lo que no tienen para sentirse cómodos en el nuevo vecindario. Ése no es el caso de Gasolina. Creo que notaron una película sincera, con su contexto y su plataforma de producción.
Según su ex condíscipulo Del Razo, usted caracteriza a “Gasolina” como “una película pequeña, poco presumida”. Lejos ya de los efluvios de “Gasolina”, ¿cómo caracteriza “Las Marimbas del Infierno”?
-Más austera que Gasolina, pero con más callo.
En el país de los desanimados y de los desafinados, los melómanos dictan conferencias magistrales desde cada nota. Uno de ellos no tiene nada qué preguntarle, pero aprovecha la película para decirle que no aceptaría ni regalado el soundtrack de “Las Marimbas del Infierno” donde es ominosa y omnipresente la melcocha quejumbrosa de la marimba más anómica y el peor Miguel Mateos de “Atado a un sentimiento”. ¿Tiene usted algo en defensa de los sonidos de su nueva propuesta cinematográfica?
-Son sonidos honestos, nunca me gustó Yes ni Pink Floyd, siempre me sentí más cercano a los Sex Pistols. Entonces nunca me preocupó si el proyecto de Las Marimbas del Infierno iba a sonar como el Himno de la alegría, más bien quería contar una historia de unos tipos que pretenden hacer música en Guatemala.
¿Cuántas y cuáles películas, libros y discos observó y escuchó durante el proceso de respiración que le significó la hechura de “Las Marimbas del Infierno”? ¿No estuvo Arcade Fire entre los que más escuchó?
-Me gusta mucho Arcade Fire. Y sí los escuché. Mientras diseñé Las Marimbas del Infierno me encontraba en París, y pude escuchar en vivo a Buzzcocks, Yo la tengo y Dan Deacon. No sé sí me influyeron con la historia. Y releí a John Fante, leí a Alonso Cueto, Ray Bradbury y Céline (Viaje al fin de la noche), de hecho intenté encontrar su tumba en un cementerio en las afueras de París, pero me perdí. Intento ver muchas películas pero no me gusta hacer cine basado en el cine, me parece un lugar común y de mal gusto. Pero en ese momento me enamoré de las películas de Pedro Costa, platiqué de cine con Claire Denis y compré varias películas de Robert Bresson, Bahman Gobadi y Bruno Dumont.
Una cinéfila quetzalteca le plantea esta cuestión: si de “El Señor de los Anillos” uno sale visualizando un cuadro de Klimt y “Perros de reserva” es como para imaginar a Munch, ¿qué pintores podría evocar “Las Marimbas del Infierno”?
-Como comenté, estuve en París y tuve pase gratis por un año para el Pompidou y otros museos, pero más bien iba casi todos los días a la librería del Pompidou y del Palacio de Tokio a hojear libros de fotos y arte. Y me compré algunos libros, por ejemplo: Francis Bacon, Jeff Wall, Depardon, Ed Templeton. Y me emocioné cuando entré a ver la exposición The Americans de Robert Frank. Cuando estoy en rodaje siempre dejo un libro de fotos en el carro para echarle un vistazo en los recesos.
Así como ahora las cajetillas de cigarros traen graves advertencias impresas, ¿no debería “Las Marimbas del Infierno” ofrecer un aviso que dijera algo así como “Ver esta película puede aumentar sus delirios de persecución”?
-Creo que la cédula de vecindad o el pasaporte deberían tener esa advertencia. Siempre que presento el pasaporte en los aeropuertos me quieren mandar al cuartito de la policía. Y me toca estar con rusos, chinos y bolivianos.
La apabullante orfandad que se ve en el Chiquilín luego de recibir una enciclopédica cátedra acerca del género Metal, ¿refleja de alguna manera la misma orfandad que millones de guatemaltecos siguen cargando en la espalda, de generación en generación, al constatar que la única vocación del Estado, aquí, es matar a sus ciudadanos a balazos o de hambre?
-En la película hay varias metáforas o subtexto, pero no creo que el Estado sea el único con esa vocación en Guatemala.
¿Ha visto usted algo más desolador que un guatemalteco llorando sobre unas bucólicas teclas luego de decir “No tengo ni sillas, no tengo nada… La marimba es el instrumento musical de Guatemala, pero lamentablemente ya no se puede trabajar”?
-Estuve a dos metros de ese suceso y me partió el corazón. Y me agarró por sorpresa, no sabía qué iba a suceder. Minutos antes don Alfonso quería renunciar a la película, él no quería hablar acerca de nada. Sólo me decía: “Mejor hagamos una película de acción”.
A las primeras de cambio, la nicotinizada administradora o dueña del hotel-restaurante-con-música-ambiental echa a don Alfonso Tunche y además le dice que va a sustituirlo por un Ipod. ¿Hay aquí un homenaje a “La caverna” donde José Saramago fustiga justicieramente a esa banda de desalmados que han hecho de la cesantía una macabra costumbre cotidiana?
-No hay un homenaje, en todo caso José Saramago posiblemente se inspiró en Guatemala.
¿Ha visto usted mayor vocación por el deterioro y por terminar de empeorarlo todo, que esa fachada donde apenas se lee “Centr Capito”?
-No lo he visto. Pero me gusta, lo veo real. No me atrae mucho que Guatemala sea una maqueta de Playmovil.
En el país de la disfrazadera, a los maestros de la actuación tampoco se les escapa ni una. Un par de ellos lo felicitan sinceramente porque, según sus manuales, la actuación del trío de adolescentes mamones es tan mala en “Gasolina”, que la presencia de Tunche, Blacko y Chiquilín en “Las Marimbas del Infierno” resulta excelsa. Los maestros, además, inquieren por el “casting” del cual salieron seleccionados los últimos citados…
-No hubo casting. Ya no hago, me cansa mucho porque sólo veo poses y siento que estoy torturando gente o jugando con sus emociones. Prefiero buscar caras o fisionomías o personajes cercanos a mis historias. Entonces busco en mis amigos, la gente que conozco o en el facebook. Es una apuesta. Sé lo que quiero o no quiero, entonces hacer un casting me quita tiempo. Para Gasolina llegaron 500 personas y eso fue una pesadilla.
No han transcurrido ni trece minutos en “Las Marimbas del Infierno” y el espectador ha tenido ya ante sus ojos un muy guatemalteco Curso Intensivo de Extorsión, Espanto, Sospechas, Soledad, Envidia, Descalificación, Mentadas de Madre y Lapidaciones. ¿Es que Guatemala nunca ha dado para más?
-Guatemala sí da para más, pero para eso están otros y sus historias. Prefiero narrar lo que me afecta.
En el minuto 19, unas inefables notas de marimba provocan lagrimones en un meditabundo Chiquilín. ¿Qué pudo conmover tanto a alguien tan curtido?
Muchas cosas. Posiblemente que conoce a los que provocaron eso y sabe que no va a intervenir. O recuerda que ha pasado por situaciones similares en las que consigue cualquier espacio para dormir. Tal vez tarde o temprano le va a hacer una mala jugada a la persona que está ayudando. Pero también en mis historias nunca va a haber alguien muy muy malo o alguien muy pero muy bueno. Todos tienen su corazoncito y sus demonios.
Los cartones de huevos, sin huevos, atrás de la Marimba Siempre Juntos en los ensayos, ¿son una metáfora de la respectiva falta de güevos en esta parte del mundo?
-Más bien es la forma en que los cuartos de ensayo se protegen para que los decibeles no ocasionen líos con los vecinos. Creo que vivir en Guatemala requiere mucho valor o una dosis alta de evasión.
Y a todo esto, ¿el origen de la marimba es chiapaneco, hondureño, africano, guatemalteco… o, como dicen o decían en México, esto vale-para-puritita-madre?
-Así es. Si no existiera el quetzal, posiblemente la marimba sería el escudo de la bandera.
¿Hay algo de chiripa o fue completamente a propósito la repentina aparición de las pintas que rezan (con todo y errata) “PRESOS POLITICOS LIBERTAD” y “CUANDO EL MUNDO ESTA EN VENTA REVELARSE ES NATURAL”?
-En esta película me dediqué a buscar fondos o muros que me gustan. Normalmente son fondos por los que paso constantemente. Y me agrada esa idea de que normalmente existe una apatía política en el país, a pesar de que estamos rodeados de graffitis que intentan seducirnos a la acción.
“Las Marimbas del Infierno” cierran en completo silencio, con unas líneas que avisan: “Un tributo a las personas que hacen proyectos impensables en un país como el mío”. Citando al poeta Otoniel Martínez, ¿podría tomarse esto como parte de un “homenaje rabioso”?
-Puede ser. Más bien no conozco su obra pero me gusta la idea de que Las Marimbas del Infierno pueda ser un homenaje rabioso para un poeta guatemalteco. Entonces buscaré sus poemas y en las siguientes entrevistas diré: éste es un homenaje rabioso para alguien que descubrí con esta película.
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