¿Qué espera la sociedad de un graduado universitario?
En el mundo actual es importante reflexionar sobre los retos que afrontan las universidades. Las mismas han mantenido modelos en los que se busca balancear la docencia, la investigación y el servicio al país. Debemos replantear los enfoques por utilizar en lo que hacemos y, sobre todo, estar dispuestos a realizar cambios.
En la educación universitaria se busca modificar paradigmas, uno de ellos es que el aprendizaje debe ser centrado en el estudiante. La calidad de un graduado se garantiza al tener profesionales que son capaces de “mostrarlo” ante la sociedad. Sin embargo, surge una pregunta interesante, ¿qué espera la sociedad de un graduado universitario? Para contestarla, es necesario establecer como punto de partida la revisión del perfil de egreso de ese profesional. Para ello es indispensable establecer una comunicación efectiva entre todos. La razón de ello es que, al preguntar, podemos obtener respuestas generales o específicas. Por ejemplo, el graduado debe tener principios éticos a la vez que sepa analizar el funcionamiento de un motor. Para lograr esa comunicación efectiva, se utiliza el enfoque de competencias. Las competencias representan una combinación dinámica de conocimientos, habilidades, y valores que desarrollan capacidades. Se denominan como competencias “generales” aquellas que debería tener todo estudiante sin importar la carrera y las competencias “específicas” que serán las particulares de una carrera. Todo esto implica cambios en lo que normalmente hacemos. Ahora debemos mostrar que desarrollamos las competencias y no una serie de contenidos en los cursos. Por otra parte, las competencias no necesariamente se logran obtener en cursos aislados, son parte de un plan de estudios. Los profesores desempeñan un papel de facilitadores del aprendizaje y entonces deben emplear técnicas de evaluación que van más allá de los tradicionales exámenes.
Adicionalmente, las competencias permiten sentar bases para hacer una comparación de los planes de estudio que dan la oportunidad a los estudiantes de realizar intercambios en instituciones similares en otros países. Eso es algo de mucho valor para el estudiante en este mundo globalizado. Las competencias han sido utilizadas en algunas naciones para validar la movilidad de profesionales entre países. Este tema es de mucha discusión y debe profundizarse al respecto. Cada país no sólo tiene sus propias leyes al respecto, sino también sus propias realidades.
Otro punto interesante es que en las competencias se mide toda la carga de trabajo que realiza el estudiante y no sólo el tiempo presencial en la clase. Esto hace que deba reflexionarse sobre la forma en que medimos su rendimiento y como está relacionada con lo que entendemos por el crédito académico o su equivalente en cada institución universitaria.
Podemos finalizar indicando que la universidad hace una “rendición de cuentas” a la sociedad al saber qué impacto tiene el graduado y cómo ayuda a resolver los problemas nacionales. Para dar respuesta, las universidades realizan ahora procesos de autoevaluación, con participación de distintos sectores y, luego, evaluaciones externas. Se busca acreditar un programa y/o acreditar la institución. La calidad educativa es el fin. Sin embargo, lo valioso es que durante el proceso se hacen reflexiones y análisis muy valiosos en vías de mejorar. La educación superior es una de las herramientas que permite salir adelante a un país. El reto para las universidades es grande y está centrado en el estudiante. Queremos que sean exitosos y que trasciendan, ¿se une al reto?
* CoDirector de Estudios, Universidad del Valle de Guatemala
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