“La educación encierra un tesoro”, sentencia con sabiduría milenaria el informe Delors de la UNESCO, publicado hace ya una década. De esos tesoros hacemos referencia a uno de los cuatro pilares de la educación para el siglo XXI. El “aprender a vivir juntos”, que implica el descubrimiento del otro, buscar objetivos comunes y a convivir con los demás, cimiento primordial de lo que hoy se conoce como interculturalidad.
Promover este principio en un país campeón mundial de la impunidad, envuelto en una vorágine de violencia, no es tarea sencilla para educadores. Es una faena de alto riesgo cuando la intolerancia golpea por las cuatro esquinas de un país, donde la diversidad no tiene un valor significativo y las culturas indígenas son solemnemente ignoradas.
Esta es una de las razones por las cuales el enfoque educativo intercultural continúa confinado en el sector público del nivel primario y preprimario, limitado a los diseños de planificación, muy ajenos a lo que sucede en la vida cotidiana del aula y totalmente desarraigado de los otros niveles, especialmente en la educación superior. Es claro que la interculturalidad no es una responsabilidad exclusiva de la comunidad educativa, es un compromiso de todos, de un proyecto nacional en el que la convivencia y la resolución de conflictos se apeguen a un sistema de valores como el pluralismo cultural, el respeto mutuo y la paz.
En la Usac, la interculturalidad se encuentra en los lineamientos de planificación educativa. Sólo hasta este punto, por ahora. No obstante, este hecho es ya un reconocimiento que hay que poner en acción. Un recurso para enriquecer los programas educativos y elevar la calidad de la enseñanza. Las medidas próximas son las de promover el debate intercultural, los diálogos de saberes y mostrar lo que calladamente hacen ya algunos docentes y unidades académicas.
De esto trata la III Conferencia Internacional “Universidad y Pueblos Indígenas, experiencias y conocimientos locales en la Educación Superior”, que organiza el Instituto de Estudios Interétnicos. Hoy, en su tercer día, por la tarde, en un hotel capitalino se presentarán las últimas dos ponencias de este encuentro académico. El diálogo intercultural es una nueva opción para develar los tesoros que la universidad tiene que ofrecer al país.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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