Mauricio Alberto Saca Dabdoub tuvo una idea, envasar gaseosas en botella plástica y la competencia lo siguió. Perteneció y dirigió el cuerpo de Bomberos Municipales.
Su nombre está ligado a la Embotelladora San Bernardino la cual pasó a dirigir, en 1998, al fallecer su padre. Mauricio Alberto Saca Dabdoub revistió ese año sus conocidas marcas RC Cola y Nesbitt’s Naranja en envase plástico, e introdujo 2 años después el refresco Chap’s. “Fue su idea, se dio cuenta que aunque Nesbitt’s tenía varios sabores, en la mente del consumidor estaba el de naranja, y fue así que creó Chap’s para introducir más sabores”, explica Ricardo San Pedro, Gerente de la empresa. Fue la solución que encontró a la pérdida constante de sus envases de vidrio.
Saca Dabdoub nació en la ciudad de Guatemala el 4 de julio de 1944, el mayor de los 4 hijos del matrimonio de Irma Dabdoub y Mauricio Saca. Siendo él adolescente sus padres se divorciaron. “La separación de mis abuelos le afectó, mi abuela decidió llevarse a las mujeres a México, de donde era originaria, y dejó a los hombres con mi abuelo”, cuenta su hija Paola Saca.
Estudió en el Colegio Americano de Guatemala, donde se graduó en 1963 de Bachiller en Ciencias y Letras. Al poco tiempo viajó a Los Ángeles, California para mejorar su inglés, donde su estadía fue apenas de meses, y regresó a Guatemala.
“Empezó a vender seguros de vida en Seguros Panamericana”, relata Moisés Cupersmith, corredor de Seguros. En 1974 ganó el premio al mejor vendedor de seguros de la compañía por haber sido campeón 13 meses consecutivos. Viajó a Madrid, España para desempeñar el cargo de Presidente de la Convención de seguros ese año. “Tenía una relación muy estrecha con sus clientes, algunos han sido nuestros clientes en el grupo AISFA, Asesores de Seguros desde 1976”, dice.
El 24 de junio de 1967 contrajo nupcias con Elsa Anabella González. Tuvieron 3 hijos: Abraham, quien falleció a los 9 años, Paola y David. “Quedó muy afectado con la pérdida de su niño, no le gustaba ir a funerales”, cuenta Oscar Bonilla, comandante honorario de Bomberos Municipales. En una ocasión, su hijo más pequeño le pidió que le armara un juguete. Él lo empezó a armar muy emocionado y cuando se lo dio, David le dijo que ya no lo quería porque se lo estaba dando ya jugado”, agrega entre risas. Tuvo tres nietos que cuando jugaba con ellos parecía un niño grande.
En 1972 Saca Dabdoub ingresó al cuerpo de Bomberos Municipales llegando a ser comandante en 1982. Ese año fue el auge de Tele 123, actividad que se realizaba para recaudar fondos para la institución e invitaba a artistas para que ofrecieran conciertos. “Trajimos al grupo Los Chicos y el gimnasio Teodoro Palacios Flores estaba abarrotado, no podían ingresar al escenario los 4 muchachos. Entonces a Mauricio se le ocurrió ponerles trajes de bomberos y entraron cargando una camilla”, relata Bonilla. En 1981, se compraron 3 motobombas que venían pintadas de color verde limón. “Fue cuando se decidió el cambió de color de las unidades, de rojo a verde para que fueran más visibles”, recuerda Ricardo San Pedro.
Había descontento dentro del cuerpo de Bomberos que dirigía, oficiales y bomberos sostuvieron reuniones privadas con el alcalde capitalino de facto, José Ángel Lee Duarte, y con el jefe de Estado, Óscar Mejía Víctores. El objetivo era tomar por asalto a la estación central, y fue así que el 5 de mayo, a las 3:00 de la mañana, anunciaron la instauración de la nueva dirigencia destituyendo de su cargo a Saca, y nombrando a Saturnino Briz como nuevo comandante. Entre las demandas que se dieron a conocer estaban el seguro de vida, la reparación de las ambulancias y motobombas, y la investigación de fondos provenientes de las beneficencias. “Mauricio estaba dolido porque sentía que lo habían traicionado porque él había trabajado mucho”, enfatiza Bonilla.
En 1989, formó parte de la Directiva del Club Náutico de la Base Naval del Pacífico de la cual fue vicepresidente hasta 1993. “Le gustaba tener lo último en artículos de pesca, carros, motos. Cuando se aburría compraba otro. Se daba sus gustos”, describe Bonilla con humor.
Nunca asistió a la universidad. “Mi padre quería estudiar mecánica, pero mi abuelo no se lo permitió”, dice Paola Saca.
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