Muy de vez en cuando, los juzgados de familia conocen demandas de hombres que le piden a sus esposas pensión de
alimentos. Argumentan que ellas ganan más o que ellos no pueden trabajar. Algunos motivos son reales. Otros, sólo son subterfugios para conseguir ventaja en las negociaciones legales.
La demanda se leía así: “Y lamentablemente, señor juez, ella no pudo ser solidaria conmigo ni afrontar juntos la crisis económica y tomó la decisión de dejarme y continuar viviendo su vida ostentosa (…). Ella es una mujer emprendedora y buena empresaria. Inclusive ha salido en anuncios de televisión (…), pero tomó la decisión de abandonar el hogar conyugal y se niega a continuar contribuyendo y a prestar los alimentos a los que está obligada con el argumento de que no cuenta con los ingresos necesarios, lo cual es falso. Por eso me veo en la necesidad de acudir a esta judicatura para solicitar una fijación de pensión alimenticia a la que tengo derecho”.
El caso fue recibido en julio del año pasado y es una de las demandas de pensión alimenticia formuladas por un hombre que se han conocido recientemente en los juzgados de familia.
El demandante, un hombre que rebasa los 40 años, le pedía a la esposa con la que estuvo casado 6, que le pagara Q3 mil 875 mensuales para cubrir el alquiler y los servicios de la casa que ella abandonó tras la separación.
Argumentaba que ella es una mujer profesional, famosa y prestigiosa que siempre pagó todos los gastos del hogar, incluso los viajes al extranjero, y adjuntó copias de facturas y recibos a nombre de ella. Aseguraba que su mujer lo dejó porque él atravesaba problemas financieros y trabajos temporales, y no podía darle los lujos a los que ella estaba acostumbrada. Además, le pedía al juez que le embargara el sueldo y las cuentas bancarias y le impidiera salir del país.
Cuatro días después, el Juez Tercero de Familia resolvió “no a lugar” la demanda. Explicó que el demandante no demostró fehacientemente que estuviera imposibilitado para trabajar ni que careciera de bienes propios, la única razón por la que, según el Código Civil, un hombre puede exigirle a su esposa una pensión alimenticia en Guatemala. Después de un recurso de nulidad y de una recusación planteados, ambos infructuosos, el demandante tuvo que pagar Q500 de multa.
Las demandas de hombres que le exigen a sus esposas una pensión alimenticia son poco frecuentes. En los ocho juzgados de familia de la Torre de Tribunales se pueden contar con unas cuantas manos estos casos. Sin embargo, ocurren y aunque la mayoría son rechazados, unos cuantos han logrado prosperar a favor de los maridos.
Hay un caso lejano que recuerda la Jueza Quinto de un hombre que le pidió a su esposa que le pagara una renta mensual.
A pesar de que la mujer estaba a cargo de los ocho hijos, el señor ganó porque pudo demostrar que estaba inválido y no podía trabajar. Otra demanda recibida hace alrededor de cuatro años por el Juzgado Segundo era de un enfermo renal que exigía la pensión a su esposa y a sus dos hijos; sin embargo, el hombre murió antes de que concluyera el juicio.
Este caso lo tramitó el Bufete Popular de la Universidad Rafael Landívar y ha sido la única demanda masculina por pensión alimenticia que la unidad ha accedido a llevar porque la prioridad de los asesores son las mujeres y sus hijos. El Bufete de la Universidad de San Carlos tampoco acepta este tipo de casos.
Los juzgados de familia del país reciben un promedio de 6 mil 500 demandas por año de juicios orales de alimentos. En la capital, se registra un promedio de 1,800 de ellas, según el Centro Nacional de Análisis y Documentación Judicial (Cenadoj). Las estadísticas no se registran por el sexo del demandante. Para saber cuántos de estos casos fueron presentados por hombres, es necesario preguntar de juzgado en juzgado.
En la Torre de Tribunales capitalina los secretarios y jueces hacen cuenta de dos, cuatro, cinco o hasta diez casos de este tipo que han pasado por sus manos a lo largo de su carrera en los juzgados de familia. La mayoría son denegados, explican, porque los hombres no pueden justificar la incapacidad para generar ingresos.
El Código Civil guatemalteco favorece y privilegia a la mujer y a sus hijos, quienes tradicionalmente han estado en desventaja ante la situación económica de los hombres.
El Artículo 110 dice que el marido le debe protección y asistencia a su mujer y el Artículo 111 establece que ella “debe contribuir equitativamente si tuviere bienes propios o desempeñare algún empleo, profesión, oficio o comercio; pero si el marido estuviere imposibilitado para trabajar y careciera de bienes propios ella cubrirá todos los gastos con los ingresos que reciba”.
Aunque algunos de los hombres que exigen pensión a sus esposas sí pueden trabajar y poseen bienes, de todos modos lo intentan. Muchos lo hacen para contrademandar dentro de un juicio, explica la juez segundo de familia, Mildred Roca.
Cuando una mujer pide pensión, él hombre también se la exige a ella con la justificación de que gana más o que él no tiene trabajo. Pero esto no es suficiente, dice la juzgadora. “Si no, cualquier desempleado podría pedir que lo mantenga la mujer”.
Eduardo Pinto, abogado especializado en Derecho de Familia, cuenta que ha defendido a varias mujeres a quienes sus cónyuges han contrademandado por pensión de alimentos. Aunque estos casos son escasos y no prosperan sí logran retrasar el proceso y desesperarlas para que lleguen pronto a un acuerdo más conveniente. “Los hombres (y sus abogados) saben que es muy difícil que un juez les otorgue una pensión, pero lo hacen con fines dilatorios: saben que tomará entre tres y seis meses que les resuelvan su petición”, expone.
La prensa rosa difundió hace dos días la noticia de que la cantante Ana Bárbara (la mujer de la nariz artificialmente más pequeña de todo México) accedió a pagarle pensión a su ex marido, El Pirru, con tal de que le diera inmediatamente el divorcio y no optara por una separación litigiosa que habría tomado meses o años en resolverse.
El Pirru, explicaba la noticia, le exigió manutención a la artista debido a que dejó su carrera de arquitecto durante cinco años para dedicarle todo el tiempo a ella y a sus hijos, período durante el cual no percibió salario.
En Guatemala no se conocen casos de este tipo. O al menos elPeriódico no consiguió detectarlos. Sin embargo, con el cambio de roles en la sociedad urbana, especialmente la capitalina, cada vez es más frecuente que los hogares estén integrados por hombres y mujeres que trabajan y en los que, algunas veces, ellas ganan más y acuerdan que el marido se encargue de la casa y de los hijos.
Aunque un hombre no padezca discapacidad o enfermedad que le impida trabajar, ¿podría, al momento de una separación, pedirle manutención a su mujer con el argumento de que le dedicó sus mejores años de vida al hogar y a los hijos y ya no puede entrar a competir al mercado laboral? Eduardo Pinto, el abogado de familia, no recuerda haber escuchado una demanda guatemalteca parecida, pero cree que sería “cien por ciento” válida.
“Es lo que le sucede a muchas mujeres cuando se separan: después de dedicarse por años al marido y a los niños están desactualizadas para el mercado laboral y sobrepasan la edad que piden en la mayoría de empleos”, expone. La situación podría extrapolarse para los hombres. “Yo veo un potencial altísimo de ganar un caso así”, resalta Pinto.
Sin embargo, la guatemalteca todavía es una sociedad machista y conservadora, donde no está bien visto, en lo que a apariencias concierne, que el hombre sea “un mantenido”.
“La sociedad le asigna a la figura paterna una función de proveedor y limita su participación en la formación de los hijos”, opina David Garda, un arquitecto que hace 4 años fundó la Asociación del Papá Responsable junto a 80 hombres que peleaban en los juzgados la custodia compartida de sus hijos. “Pero eso ya no corresponde a las sociedades modernas, donde las relaciones son más equitativas y la tendencia es que en la mayoría de hogares la mujer y el hombre trabajen”, acota. Durante los años que estuvo activa la asociación, Garda nunca se topó con un padre que también peleara por una pensión alimenticia.
Pero nunca faltan los hombres a los que la crítica social les importa muy poco, y que pretenden vivir a costa de sus ex parejas, sostiene Pinto. El abogado defendió a una mujer que ganaba más de Q20 mil mensuales y a quien el marido le pedía Q5 mil de pensión. El abogado demostró que él tenía bienes y salud y le obligó a pagarle a ella Q8 mil mensuales por los dos hijos. “Hay flojos que no quieren trabajar, a los que les gusta ser mantenidos”, expone Isabel Najarro, abogada que ha llevado casos de familia en defensa de mujeres.
Hace más de 15 años, cuando Pinto era procurador, conoció el caso de un hombre que le pedía pensión a su mujer porque sufría de “lumbago severo”. Perdió el caso cuando los defensores de ella consiguieron fotografiarlo en el gimnasio levantando airosamente pesas.
Lourdes, una exitosa ejecutiva guatemalteca que está por cumplir 40 y que acaba de separarse de su esposo debido a que los últimos 6 años él se negó a trabajar, teme que su marido le exija manutención y gane el caso. Lourdes (que no es su nombre real) accede a contar su “vergonzosa historia”, como ella la llama: tenían dos años de casados cuando él, también ejecutivo, renunció a su trabajo “para poner un restaurante”. Después del primer año desempleado propuso que mejor fuera un kiosco. Pasó el tercer año y nada: él seguía en la casa, se hacía cargo de los niños y durante algunas temporadas hizo los quehaceres domésticos. Pasó el cuarto año. Lourdes le pagó la universidad y lo licenció. Le compró carro. Ella pagaba todo, incluso le dio a su marido Q5 mil para que comenzara el negocio que nunca vio la luz (él se gastó el dinero).
Seis años después se hartó y lo echó de la casa. En venganza, él la denunció por violencia intrafamiliar. Ahora ella está considerando el divorcio, pero como se casó bajo el régimen de comunidad absoluta, de todo lo que posee le corresponde la mitad a él. Ella teme también que él, bajo el argumento de que se dedicó todo este tiempo a los hijos, quiera que lo siga manteniendo.
El hombre que le pedía pensión a la esposa que aparece en comerciales de televisión fue demandado por ella en otro juzgado de familia. Le pedía pensión de Q15 mil mensuales y él, a la usanza guatemalteca, la contrademandó alegando que no tenía ingresos. En ese caso sí consiguió que ella fuera arraigada y que le embargaran las cuentas provisionalmente.
El abogado de este demandante admite que no era verdad que su cliente no tuviera ingresos, pero su contrademanda sirvió como mecanismo de negociación y para que el juez le rebajara la pensión que ella pedía. “Ellos no tuvieron hijos.
Los dos trabajan y ella gana más que él. Lo justo era que cada uno se mantuviera a sí mismo”, expone el defensor. Sin embargo, tras divorciarse, el juez resolvió que él no tenía derecho a gozar de una pensión y lo obligó a pasarle Q1,000 a ella.
Hay casos, menos infrecuentes en los juzgados, en los que los hombres sí consiguen que les den trámite a sus solicitudes de pensión. Se trata de aquellos que tras separarse asumen la custodia de los hijos y le exigen a la madre que contribuya a la manutención. “El hombre tiene todo el derecho a demandar a la mujer si ella trabaja y tiene ingresos, pero se trata de una pensión para los hijos la que fijará el juez, no para él”, explica Pinto.
También hay hombres que demandan a sus hijos. Como el caso que ingresó el 12 de agosto al Juzgado Primero de Familia. Se trata de un abogado de 75 años que le pide a su hijo, un arquitecto de 51 años, que le asigne una renta mensual de Q5 mil debido a que su salud está muy deteriorada y ya no puede trabajar. La primera audiencia se celebrará en diciembre, pero el juez impuso provisionalmente una pensión de Q1,500. El Código Civil, en su Artículo 263, establece que los hijos están obligados a prestarle asistencia a sus padres en todas las circunstancias de la vida. La Ley del Adulto Mayor también los ampara. Son los contados casos, en lo que a Derecho de Familia compete, donde los hombres sí llevan las de ganar.
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