La masacre de 72 inmigrantes ocurrida a mediados de la semana pasada en Tamaulipas, México, entre los cuales, por lo menos había 5 guatemaltecos, ha conmocionado al mundo entero y puesto nuevamente en evidencia la grave desprotección en que se encuentran los inmigrantes en territorio mexicano. Entre los muertos también se han identificado hondureños, salvadoreños, brasileños, ecuatorianos y nicaragüenses, aunque todavía hay cadáveres por identificar.
El referido asesinato colectivo se atribuye a presuntos narcotraficantes. Aparentemente, los inmigrantes muertos habían sido secuestrados y por su liberación se había solicitado rescate a sus familiares. No obstante, las investigaciones son preliminares a estas alturas.
Según informaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en el año 2009 fueron secuestrados cerca de 20 mil inmigrantes latinoamericanos en territorio mexicano.
El sacerdote Pedro Pantoja, quien lleva 10 años en Saltillo, Coahuila, México, recibiendo a migrantes varados, fue elocuente al señalar: “Ellos (los migrantes) nos dicen que vinieron a morir a México, este país es el cementerio de los centroamericanos”. Pantoja cree que México debe ser llevado por este caso ante un tribunal internacional.
Realmente es lamentable y entristecedor que en México, un país latinoamericano, hermano, que es generador de la mayor cantidad de inmigrantes anuales hacia los EE.UU. sea, al mismo tiempo, la nación en la cual también se hostiga, ataca, secuestra y asesina a nuestros compatriotas, que al igual que los mexicanos van en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias, y en donde poco se hace por garantizarles su vida e integridad personal.
Explotar, extorsionar y matar a gente con mucha necesidad (como los emigrantes latinoamericanos) es un crimen de lesa humanidad.
Esta es una campanada que ha abierto los oídos de toda la humanidad, que debe traducirse en una presión sobre las autoridades mexicanas, para que impidan que nuestros compatriotas sean vejados, ultrajados, abusados y asesinados en México.
Por supuesto, procede la expatriación o deportación de los inmigrantes indocumentados que son detenidos, pero no su maltrato, porque, además de que no son delincuentes, son personas que buscan trabajo para mejorar sus condiciones de vida. ¿Qué crimen es ese?
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