Transcurre el tiempo, político y técnico en la Usac, y el rectorado, integrado por la figura del rector y el Consejo Superior Universitario, no logran resolver la situación: devolver a la Carolingia la Autonomía –ahora mancillada. Cada vez más amplios sectores universitarios y sociales se pronuncian solidarios con el movimiento estudiantil, encabezado por Estudiantes Por la Autonomía. Sin embargo, las autoridades universitarias guarecidas, en su torre de marfil, han asumido que ejercer “disciplina” y represión, resolverá el asunto. Siguen confiando –equivocadamente– que la opinión pública presionará moralmente a los resistentes, a abandonar su lucha y esto legitimaría, la afrenta histórica contra la Carolingia.
La táctica –del rectorado– no ha funcionado. Las demandas son legítimas socialmente y las abrazamos muchos universitarios. En el marco de la controversia, la autoridad universitaria ha ido perdiendo legitimidad y aceptación social. Peor aún, se muestra sin capacidad de propuesta, de articular soluciones. Es así que el honorable Consejo Superior Universitario no ha propuesto ni una sola fórmula de solución, simplemente “esperan que se cumpla la ley”, argumento inválido y conservador, además de notoriamente injusto y que está llevando la disputa universitaria, por derroteros peligrosos y atizando la confrontación.
La demanda universitaria exige soluciones, no amenazas, como la cancelación de matrícula. Esta, en todo caso, habría que cancelarla de inmediato a los “estudiantes”, que medran con los cargos en el Consejo Superior Universitario y las Asociaciones Estudiantiles. Es correcto lo que propone el doctor Manuel González –docente universitario– pensar la Usac con vistas al futuro, entrarle a los problemas de fondo; concitar un cónclave universitario. Sin embargo, por ahora, hay que proponer soluciones inmediatas y colocarse al lado de las demandas estudiantiles.
Es un absurdo seguir la ruta punitiva contra el intelecto estudiantil. La revuelta universitaria de 1968, sentó las bases de un nuevo mundo, de una nueva noción de justicia, de un nuevo orden, de una nueva sociedad. Es esto la síntesis de la expresión estudiantil frente a un rectorado que se manifiesta inocuo y aherrojado en los legalismos. Es este uno de los momentos conspicuos de la historia y, como es casi natural, está signado por la juventud. Es hora entonces de una respuesta política de la autoridad universitaria, permitir que el conflicto se desboque, sólo traerá un nuevo estigma histórico, sobre esta martirizada sociedad. La confianza nacional en la institución universitaria, está puesta a prueba y corresponde al rectorado dictar cátedra a la Nación. Todos esperamos de la autoridad carolingia una nueva forma de resolución de controversias, que sea ejemplo de futuro.
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