Es evidente que el gobierno de Colom y las instituciones del Estado únicamente utilizaron la figura de estas personalidades para hacer un show público.
Era de esperarse. La política de seguridad del gobierno de Álvaro Colom es nula y la ineptitud e incumplimiento de compromisos de este Gobierno bien merecen que el cardenal Rodolfo Quezada Toruño, el procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales y el presidente de la Alianza Evangélica hayan roto la alianza del Grupo Garante (G-4), que había creado un Acuerdo Nacional para el Avance de Seguridad y Justicia con los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial y Fiscal General.
Lamentable es, que el rector de la Universidad San Carlos de Guatemala, Estuardo Gálvez, no haya renunciado. Aunque resulta evidente que por su cercanía y vínculos con la primera dama, Sandra de Colom, mantenga una postura oficialista e irresponsable en un tema donde le corresponde representar a los intereses estudiantiles.
En abril de 2009, representantes del G-4 firmaron un acuerdo en base a propuestas de seguridad y justicia, que jamás fueron cumplidas. Todo estalló en plena crisis, cuando los choferes de camionetas eran acribillados por decenas, todas las semanas.
En medio de este desgaste político, y el hastío de la población, el gobierno de Colom aprovechó para publicitar esta instancia con bombos y platillos. Sin embargo, como la mentira avanza rápido hasta que la verdad la alcanza, un año después resulta que estos compromisos no fueron más que un burdo show mediático.
Según el último informe del G-4, de los 101 puntos acordados sólo se cumplieron 12, y existen 44 donde ni siquiera se implementaron medidas. Lo cual es preocupante en un país que hoy día es considerado como uno de los más violentos del mundo, con más de 16 asesinatos al día. Monseñor Quezada Toruño ha sido enfático en reiterar que no existe voluntad política del gobierno del Colom y cualquier esfuerzo que haga la sociedad civil es una pérdida de tiempo. Semanas antes, el cardenal Quezada había sido víctima de ataques e insultos de los voceros de Álvaro Colom, Ronaldo Robles y Giuseppe Calvinista, quienes la arremetieron con sus usuales bajezas, luego de que el jerarca católico cuestionó que el Gobierno “utiliza como cortina de humo” las órdenes de captura contra ex altos funcionarios del Gobierno anterior y la polémica por la explotación minera. En esta ocasión, el conflicto que mantiene Álvaro Colom y sus serviles funcionarios con los dirigentes de oposición y críticos de su gobierno estalló y dejó al desnudo la carencia de una política de paz y reconciliación en las autoridades de Gobierno.
Colom se puede quejar de que existen campañas negras en su contra, complots y oposición intentando deslegitimar su gestión. Sin embargo, cuando los medios de comunicación independientes, un grupo de destacadas figuras como el G-4, instituciones de la sociedad civil, jóvenes y cámaras empresariales, se lanzan al unísono a reclamar ante la ausencia de políticas de gobierno para garantizar la vida y la ineptitud del gobierno para hacer cumplir el precepto que ordena el respeto a la vida; es evidente que el gobierno de Colom y las instituciones del Estado únicamente utilizaron la figura de estas personalidades para hacer un show público.
Bajo ningún punto de vista se puede pasar por alto las declaraciones de Morales, de la Alianza Evangélica, quien dejó claro que “ya no hay nada que solucione la problemática de justicia e inseguridad en Guatemala”. Es evidente que ninguna institución del Estado se ha querido enlodar los pies para rescatar al país de la delincuencia, las maras, el narcotráfico y el crimen organizado. Mientras Colom continúa con su retórica y quejas; en Washington ya se cataloga a Guatemala como un narco Estado. Y los grupos criminales avanzan sin merced dejando cabezas decapitadas colgadas en lugares públicos, atacando en masa a los agentes de la Policía Nacional Civil, lanzando granadas en las comisarías y rociando a tiros las radiopatrullas. A estas alturas, ¿a quién pretende engañar el gobierno de Álvaro Colom?
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