En la Guatemala de hoy sobresalen los casos en que funcionarios de diferentes niveles y jerarquías actúan descaradamente confesándose como socialdemócratas que gobiernan para los marginados más pobres, cuando lo que algunos realmente están haciendo es actuar para favorecer sus intereses o los de algún partido comprometido anticipadamente. Sin embargo, se atreven a hacer declaraciones desvergonzadas en las que hasta se victimizan, para salirle al atajo a cualquier guatemalteco que señale su forma anárquica y cínica de ejercer el poder y les exija eficiencia, honestidad y sentido democrático.
Cinismo significa desvergüenza en defender acciones censurables. Recubrirse de cinismo para justificar funciones, que perjudican o engañan los derechos de la mayoría, es deleznable. El caso más reciente del manipuleo político es que la Fiscal General del Ministerio Público tome la decisión de reducirle a la Fiscalía contra la Corrupción, los investigadores, donde trabajaban 9 ahora sólo 4; en igual proporción redujo el uso de vehículos y el presupuesto. Precisamente, en el momento político que exige esclarecer 40 denuncias contra alcaldes y ex alcaldes por peculado y malversación; se señala a varios ex jefes policíacos con acusaciones por el robo de Q39 millones; sumándole a eso las denuncias de incumplimiento de contratos contra 85 empresas que demuestran no sentirse obligadas para cumplirle hasta al propio Gobierno. Tal decisión denota más una defensa velada de tanto corrupto, que el combate contra el robo descarado que se practica en los medios del partidismo político. Jefes ediles y diputados corruptos que hacen todo porque su partido los vuelva a lanzar como candidatos. Se favorece dejar en el olvido los casos de los jefes policíacos y su participación en el lavado de dólares; y el derecho de exigir, hoy más que nunca, la terminación de obras que se necesitan con urgencia. ¿Cómo es que afirman su decisión de combatir la corrupción?
El gobernante no cesa de argumentar que ama a Guatemala y que sus decisiones se respaldan en que protegen a los más pobres y marginados de nuestra sociedad. Sin embargo, algunos de sus compromisos lo desmienten cuando lo que sale a luz es que su Gobierno está entregando, a grandes empresas transnacionales, especializadas en succionar recursos a países pobres, contratos y proyectos perniciosos, donde con mucha propaganda de buena imagen, se tira al fondo del averno, cualquier derecho humano sobre la vida y su relación con el medio ambiente, el cambio climático y las riquezas del país que ningún partido político de turno ha producido. El contrato, todavía legalmente cuestionado con Perenco; su negativa a rescindir la concesión a la minera Marlyn y ahora el permiso para que la compañía G4G Resources Ltd. pique y repique con cientos de agujeros 2 mil 492 kilómetros de litoral del Pacífico reconociendo nuestros yacimientos de hierro de playa. ¿Dónde resguarda la protección de 3 reservas ecológicas, la pesca artesanal, la promoción turística y la vida de las especies en el litoral? ¿A qué sector mayoritario de la sociedad guatemalteca han afectado y afectarán más los resultados de tan entreguistas decisiones?
Cohesión Social actúa como un pulpo que no lo sacia presupuesto alguno argumentando que representan una manera ágil de cubrir las necesidades de los más pobres. El intento es loable, pero no del todo, la verdad. Porque sus rasgos de manejo lo desmienten. Se necesita revestirse de una alta dosis de cinismo para utilizar una posición de alto poder, usar dinero ajeno destinado para cubrir urgentes necesidades generalizadas, y escudarse en la mentira y la negación para impulsar una declarada campaña política.
Pocas dependencias funcionan a medias y tienen un motivo para justificar su ineficiencia, y nuestro lamentable atraso como país. Con notorias máscaras de cinismo han actuado los ministros de Salud, Educación y Cultura al justificar que los millones que entregan a Cohesión Social son como quitarle un pelo a un gato porque además no necesitan de tales millonadas.
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