Todos conocen la sentencia del decimonónico tirano ilustrado: justicia para mis amigos, el peso de la ley a mis enemigos. En la Guatemala del siglo XXI, en la cual todos clamamos contra la impunidad, somos sin embargo tiranos (unos decididamente menos ilustrados que otros) con plena capacidad de separar ley de justicia.
Quienes tienen medios socavarán la ley para obtener justicia. Quienes no tienen los recursos, rumiarán la injusticia comparativa: ¿por qué yo sí, y aquél (el peor truhán) no? Todos aspiramos a ser justos, aunque debamos ser tiranos.
Ley y justicia nunca serán lo mismo, pero la idea es que sean lo más parecido. Se trata que cacen como piezas de un rompecabezas que forma lo que denominamos Estado de Derecho. El divorcio entre ley y justicia es ausencia de Estado de Derecho; en pleno siglo XXI eso mismo se llama negación del Estado “democrático” de Derecho.
Con el diluvio de órdenes de capturas de los últimos tiempos los señalados, aunque sean de bandos contrarios, responden con la misma sentencia: persecución política, difamación, venganza. Cuando los actores son políticos su defensa pública será política. Pero ¿por qué no esperar las pruebas y los descargos? Demos chance a que la ley y justicia se careen. Mientras cerremos esa puerta, quitaremos el oxígeno que necesita el Estado de Derecho para plantarse y crecer con la robustez necesaria para cohesionar (reconciliar) la sociedad.
Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en el careo entre ley y justicia. Cuando fue apresado Alfonso Portillo los medios tomaron bandos: para unos, finalmente, se hacía justicia, para otros era persecución política. Ahora que salieron órdenes de captura contra la cúpula de Carlos Vielmann, para unos “hay mano peluda detrás”, otros mejor ni se pronuncian en público, y los terceros claman que por fin se toca el poder real, imposible sin la CICIG.
Como cada quien somos dueños de la justicia, sobre el fallo cada cual se siente obligado a hacer su particular juicio. La madurez de los líderes de opinión y de medios que en verdad quieren contribuir al Estado de Derecho podría consistir en arrojar información, toda la información para que las decisiones que los jueces finalmente adopten sean justas y casen con la ley. Estos eventos son cruciales para la Guatemala del futuro. Y en nuestras manos está moldear ese futuro: ¿seguimos jugando a tiranos ilustrados del siglo XIX pidiendo justicia para los amigos y la ley para los enemigos? La semilla de la doble moral da un fruto amargo: la justicia con doblez.
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