Hace dos años anunciaba en este mismo espacio cómo existía en la sociedad guatemalteca una suerte de anorexia fiscal. Con ese término me refería al hecho de que, sin importar cuán famélicamente desfinanciado se encuentra el Estado, siempre existe un grupo de conciudadanos que protestan frente al “incontenible” gasto público, el “desmesurado” endeudamiento, y la “insoportable” carga tributaria.
Sin embargo, la anorexia fiscal parece casi una situación ideal comparado con el mundo oscuro del canibalismo fiscal. En este otro mundo, los alcaldes se comen los sueldos de los médicos, los maestros arrasan con el presupuesto dedicado a la protección del medio ambiente, y hasta el otrora intocable programa de cohesión social se ve relegado al rincón de los que tienen que pelear con cuchillo en mano las migajas que quedan en el fondo de la caja fiscal.
El canibalismo fiscal es la antesala para la ingobernabilidad total. Y, la verdad sea dicha, nuestras elites económicas y políticas tienen una enorme responsabilidad por llevarnos hasta este escenario macabro donde la caja fiscal tiene menos plata que el tecolote pistero de mi hija.
Algunos empresarios dirán que la culpa es del Gobierno por no priorizar su gasto y por no combatir la corrupción. Y sin duda tienen razón. El Gobierno va a decir que la culpa es de los empresarios por oponerse a las reformas tributarias. Y también tendrá razón. Y finalmente, un observador acucioso dirá que el embrollo empieza en el Congreso por actuar irresponsablemente al no aprobar el proyecto de presupuesto 2010 enviado el año pasado por el Ejecutivo (el cual garantizaba más transparencia, establecía un techo razonable para el gasto, e identificaba con claridad las fuentes de financiamiento). Y este último observador acucioso también tendrá razón.
Así que ahora los policías, maestros, médicos, ambientalistas y hasta los de cohesión social ya saben qué hacer. Marchar hacia el Palacio para exigir transparencia y priorización en el gasto. Marchar hacia el edificio de la Cámara de Industria para pedir a los empresarios que no se opongan ciegamente a reformas tributarias. Y marchar hacia el Congreso para decirles a los diputados que dejen de jugar con el fisco, y que por favor actúen con un mínimo de responsabilidad aprobando un presupuesto adecuado para que miles de familias guatemaltecas puedan pasar un fin de año con su salario en mano, sin deudas.
Y si no les hacen caso, pues para eso están las elecciones. Sólo tengan cuidado de que esta vez no les sirvan del mismo vino, sólo que en otra copa.
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