Los chapines también tenemos nuestra propia terminología meteorológica...
Los chapines también tenemos nuestra propia terminología meteorológica, nuestra manera peculiar de hablar de la lluvia y las cosas del tiempo.
Cuando las lluvias caen copiosas decimos que está cayendo un aguacero. Cuando las lluvias son persistentes y se alargan por muchos días, decimos que estamos atravesando un temporal, y cuando cae con fuerza, como si el mundo se fuera a caer en pedazos, nos referimos a que está lloviendo a cántaros. En Cobán cae un chipi-chipi o sea un brisado, el cual, según las noticias ecológicas, cada vez cae menos por cuestiones de talas de árboles.
Para nuestros abuelos, los azacuanes, esas pequeñas y horribles aves migratorias que vuelan de sur a norte buscando parajes cálidos en donde pernoctar, eran las que traían las lluvias a Guatemala en el mes de mayo y eran los mismos azacuanes quienes se las llevaban en el mes de octubre.
En Guatemala existen no sólo las avenidas de paso terrestre, sino también las de agua. Los antigüeños hablan como que si nada “de lo crecidas que están las avenidas” o de lo ancho de las mismas, refiriéndose a las correntadas de agua que inundan las calles y avenidas de la ciudad. Fueron notables las avenidas de agua que se formaban hace poco más de un siglo en la que hoy día es la 11 calle de la zona uno. Cada invierno, grandes correntadas de agua caían de poniente a oriente, por lo cual el Ayuntamiento se veía obligado a implementar varios puentes de paso; de allí su nombre: Calle de los Tres Puentes.
Aún hablamos de canículas o tiempos de receso de lluvias o de veranitos, siendo el más famoso el veranito de San Juan, el 24 de junio. Cuando en Guatemala se iniciaban las lluvias, mi madre siempre nos contaba la historia de Don Inocente Nolasco, su maestro de botánica y cálculo. Me imagino a don Inocente con su traje negro, su sombrero de copa redonda, bajo de estatura, con el bigote muy ralo y el olor inconfundible del agua de violetas, atravesando diariamente la 4a. avenida en busca de sus pupilas. Don Inocente era un hombre metódico y práctico. Siempre pulcro y reservado en sus costumbres. Cada 15 de mayo sacaba su paraguas del armario, lloviera o no, porque en esta fecha se iniciaba el invierno según el Calendario de Sánchez & De Guise. De igual forma, el 15 de octubre don Inocente guardaba su paraguas, aunque lloviera a cántaros, porque para entonces ya estaba estipulado que en Guatemala ya no llovería más.
Los chapines hablamos también de chiflones, refiriéndose a correntadas de aires inoportunos que se sienten en lugares abiertos, y a ventoleras, cuando el aire sopla con fuerza y sin parar.
En tiempos de nuestros abuelos, la luna anaranjada significaba calor al día siguiente, y el norte con nubes negras, presagiaba mucho frío. Entonces no existían los reportes científicos del tiempo, ni los datos infalibles que salen de los satélites hacia las computadoras. En la Guatemala de antaño el tiempo se presagiaba observando las rutinas del cielo, las nubes, la luna, los pájaros y por el murmullo de los insectos.
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