Que en Guatemala no se leen libros. Que los libros pagan impuestos altos. Que vender poesía no es un buen negocio. Sí, sí y sí, ellos lo saben, conocen la realidad y les tiene sin cuidado. Son editores jóvenes, que apuestan por la literatura y se meten a una batalla quijotesca de donde probablemente salgan maltrechos: editar literatura.
“Mijo, ¿quiere estudiar letras? No hombre, búsquese un oficio donde no se muera de hambre”. “Sabe qué, primero saque una ingeniería y después si quiere ya estudia literatura, pero primero asegúrese el futuro, patojo”. Cuántas frases pronunciadas por padres previsores desanimaron a los jóvenes a buscar el camino de las letras. Y un poco de razón tenían, si la intención es volverse millonario los muchachos iban por mal camino. Pero si la intención es trabajar por el arte y alimentarse más el alma que el cuerpo, era la ruta indicada.
Si estudiar letras ya era un desperdicio de tiempo para muchos, editar literatura era el negocio más absurdo. Invertir dinero cuando todas las expectativas dicen que se fracasará, parece un suicidio, pero hay quienes se hacen el haraquiri contentos, emocionados. Así son ellos, jóvenes amantes de las letras que quisieron darles un empujón, no importa lo que haya que sacrificar.
Julio Serrano, Pablo Bromo, Luis Méndez Salinas, Carmen Lucía Alvarado y Leandro Asoli apostaron por el mundo editorial y fundaron cuatro pequeñas casas editoras que se mueven con pura energía y ganas de trabajar. Recuperar el dinero de la inversión parece una meta a muy largo plazo, pero mientras puedan regar poesía por todos lados, ellos están satisfechos.
En las librerías sus libros están en las estanterías del fondo, las vitrinas las acaparan los éxitos de Alfaguara, de Anagrama o de Norma, libros que vienen con publicidad en todo el mundo y que traen nombres de autores famosos. Los de ellos, los editores independientes, muchas veces están firmados por escritores desconocidos, no tienen una valla que les anuncie, ni un comentario de un periódico extranjero en la portada. Su gran ventaja es el precio, cuestan menos de la mitad que los importados. Es un trabajo de alto riesgo, pero también de alta satisfacción.
Fundación: Noviembre de 2009
Libros publicados: 20 títulos de poesía
¿Dónde y cuánto? Librería Sophos, Q100 el paquete de 4 títulos.
Sus creadores: Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado.
Después de un encuentro de poesía en México, Luis Méndez Salinas se quedó pensando en lo difícil que es leer poetas de Chile o Perú en Guatemala. Los congresos de escritores o los festivales sirven para conectar poetas con poetas, pensó, pero no para conectar poetas con lectores. Regresó a Guatemala con la idea de hacer un intercambio de poesía, enviar sus textos a Sudamérica y recibir aquí poesías de colegas latinoamericanos. Estaba convencido de que era necesario crear una editorial con vocación de intercambio, que circulara por todos los países y que publicara a autores jóvenes, aquellos que no eran éxitos de ventas.
Cuando regresó a Guatemala le comentó la idea a Carmen Lucía Alvarado, una entusiasta de los libros que trabaja en la editorial estatal. Carmen se entregó tanto al proyecto, que tres meses después ya tenían cuatro libros publicados. La bautizaron como “Catafixia” y dispusieron editar varias colecciones de cuatro libros cada una. Dos serían de autores nacionales y dos de extranjeros.
Los 2 jóvenes de 24 años decidieron que no pedirían ayuda a nadie, no querían ningún patrocinador para asegurarse de que el proyecto no se les fuera de las manos, que no terminaran editando lo que quería el dueño de la plata. Así que fueron a una cooperativa y consiguieron un préstamo de Q25 mil, el capital inicial para emprender la editorial. Acordaron pagos mensuales de Q1 mil para terminar la deuda en un par de años. La meta era publicar 4 libros de poesía cada mes.
“Antes de meternos la daga hicimos un plan: producir tirajes de 200 ejemplares de cada libro, es decir, 800 al mes.
Calculamos que si los vendíamos a Q20 cubríamos los costos” recuerda Luis. “La idea era vender el tiraje completo, pensábamos que no debía de ser muy difícil, bien conocemos a 500 personas, si todos nos compraban así los íbamos a mover. Pero no fue así, se ha vendido como la mitad del tiraje. Hemos impreso 4 mil, sólo en la Filgua se vendieron 500”.
Los distribuyen las librerías del país y además los mandan por correo a los países de los autores extranjeros. “Hacemos presentaciones a control remoto”, dice Carmen, “no vamos nosotros, pero se van los libros, que es lo que importa”.
Los libros son de formato bolsillo, fueron diseñados por Alejandro Marré y en su calidad en nada se diferencian de los extranjeros. Hasta el momento han publicado 20, un récord tratándose de poesía.
La inversión aún no la recuperan. De hecho, no han terminado de pagar la deuda. La venta de los primeros libros sirvió para costear la edición de los siguientes títulos y hacer el pago mensual a la cooperativa. Ni los editores, ilustradores, diseñadores y escritores han ganado un centavo. Carmen trabaja en Editorial Cultura y Luis en arqueología; la editorial es un proyecto de “ratos libres” que les consume incontables horas. No importa, están satisfechos, la literatura para ellos no es un negocio, es una forma de vida.
Mata Mata
Fundación: 2008
Libros publicados: Siete DE narrativa
¿Dónde y cuánto? Librería Sophos, Q40 a Q50
Creador: Leandro Asoli
Para Leandro Asoli, un argentino radicado en Guatemala, que aquí no se leyera a César Aira era imperdonable. Nos estábamos privando del placer de leer a unos de los mejores escritores argentinos de los últimos tiempos. “Para mí, poder difundir las obras de César Aira, Francisco Garamona, y Lorenzo García Vega, entre otros, era una cuestión vital. Sus libros me formaron, no sólo como editor sino como artista”, comenta. Por eso nació Mata Mata editorial en 2008, con la idea de publicar libros en Guatemala y lanzarlos a toda Latinoamérica.
“La editorial nace de una necesidad práctica de dar a conocer y hacer circular obras de autores claves latinoamericanos de vanguardia, que por cuestiones de mercado son conocidos en sus países de origen pero no en el resto del continente”, explica Leandro.
Se financia con la venta de los ejemplares y con pequeñas subastas de obras que algunos artistas interesados en el proyecto donan.
A la fecha han publicado 10 títulos de autores latinoamericanos, 2 guatemaltecos: Alan Mills y Javier Payeras.
Como las demás editoriales, Mata Mata no es una fuente de dinero. “Yo no encaro la editorial como negocio, sino como proyecto artístico, no quiero vender libros, intento cambiar la vida, aunque sea un poco”, comenta Leandro. “Tanto nosotros como los autores recibimos la mejor regalía, que es la del amor. La de la aventura, la del vértigo y sobre todo, la de la amistad”.
Vueltegato editores
Fundación: 2009
Libros publicados: Siete de narrativa y poesía.
¿Dónde? Librería Sophos, Artemis edinter, Casa Azul. Creador: Pablo Bromo
Pablo Bromo es escritor, tiene 30 años y siempre pensó en lo genial que sería una editorial que fuera más provocativa que las existentes. Que además de cuidar el texto, cuidara el diseño de las portadas y la calidad del papel. Como esa editorial no existía la inventó él. El primer libro que publicó fue uno propio: Arbitraria muchedumbre. La llamó Vueltegato editores, porque un “Vueltegato es una forma creativa de avanzar”. Y así nació la casa editora repleta de creatividad.
“Hace 12 años estuvimos trabajando con Simón Pedroza en editorial Mundo Bizarro, que eran libritos muy artesanales, y era una movida que coincidió mucho con los acuerdos de paz”, explica Pablo. “Después de que cerró la editorial, me quedé un poco al margen del movimiento y fue entonces cuando se me ocurrió sacar una editorial donde pudiera publicar autores nuevos y publicar mis propios libros”.
Ha publicado siete libros, los primeros tres con capital propio y los últimos con apoyo de CREA, una dependencia del Ministerio de Cultura, dedicada a apoyar a los artistas.
Para mover los libros, Pablo ideó dos estrategias. Los “Trismos”, lecturas de poesía de tres autores, de las que nacieron dos libros recopilatorios. La segunda estrategia fue hacer presentaciones en las universidades. Llevaba a los autores a conversar con los alumnos y así se interesaban por las lecturas. De cada título imprime 500 ejemplares, que se han vendido casi todos. El proyecto va tan bien que Pablo hasta ha pensando en dejar su trabajo en publicidad para volcar toda su atención en la editorial. De momento no se arriesga, pero la idea sigue presente.
Ahora mismo se encarga personalmente de todo, “como editor tenés que revisar los textos, el diseño, conseguir a los autores y acarrear libros”, bromea.
Libros mínimos
Fundación: 2007
Libros publicados: 15 títulos de poesía y narrativa
¿Dónde y cuánto? Se descargan gratis de
www.librosminimos.org
Creador: Julio Serrano
La idea de abrir una editorial llevaba dando vueltas en su cabeza desde hacía mucho tiempo. Poco a poco se fue afinando hasta convertirse en un proyecto radicalmente opuesto a las grandes editoriales. Mientras, los editores de traje y corbata buscan el mejor papel, Julio pensó en prescindir del papel. Los editores grandes se pelean por las novedades de literatura y Julio busca lo viejo, lo agotado, lo que ya no se encuentra en una librería. Las editoriales internacionales buscan cobrar lo más que puedan por cada ejemplar y Julio pensó en darlos gratis.
La editorial de Julio Serrano se llama Libros Mínimos y ha publicado 15 volúmenes digitales, que se descargan gratuitamente de internet. Edita a autores latinoamericanos contemporáneos, pero también tienen una vocación archivística, de rescate. Pretende publicar textos agotados o injustamente olvidados.
Julio es poeta, tiene 27 años, trabajó en Editorial Cultura y estudió Letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala.
“Estaba dándole vueltas en la cabeza al proyecto cuando me alcanzó el EPS de la Universidad y entonces pensé hacer dos por uno y mi EPS fueron los primeros cinco libros que edité”, comenta Julio.
Montar una plataforma de internet con el espacio suficiente para almacenar libros, no es nada barato, requiere de presupuesto y talento con las máquinas. Mantenerla cuesta alrededor de US$8 mensuales. Julio asumió los gastos, todo con tal de mantener un sitio de donde ya se han descargado más de 4 mil ejemplares.
Los autores estuvieron encantados de participar, no porque fueran a recibir dinero alguno, sino porque a través de la web sus libros circulan mucho más que en papel. Les permite llegar a más lectores y difundir más su nombre por todo el mundo.
“Me gustó la idea de que la literatura pudiera ser parte de ese movimiento de música o de software libre y pensé que los libros también deberían tener licencia libre”, cuenta Julio. La próxima publicación de Libros Mínimos será Ejercicios para definir espantos de Carlos Navarrete.
Dinero no ha ganado por el momento, sólo ha invertido. Pero hay algo que sí ha ganado en toneladas: experiencia. “Ahora tengo el bagaje para prestar servicio editorial en otros contextos y eso puede ser ya visto como negocio”.
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