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Guatemala, domingo 05 de septiembre de 2010

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elAcordeón:

Cerrar la boca

Como el capital ahora no tiene carta de ciudadanía, no sabemos quién extrae, exporta y se beneficia de nuestros tesoros

 

Ana María Rodas

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
La tele ha mostrado unas documentales españolas de los años treinta. Películas tomadas por los dos bandos que protagonizaron la Guerra Civil Española entre los años de 1936 y 1939, cuando ciertos países europeos que se aprestaban a una guerra de mayor alcance decidieron probar sus fuerzas en un terreno ajeno.  En esto se parece, la lacerada España de entonces, a los países tercermundistas en los que se peleó la tercera guerra mundial, ladinamente llamada la Guerra Fría.

 

Guatemala puso entre 250,000 y 300,000 víctimas en ese combate enfriado entre las –entonces— potencias mundiales: la URSS y los Estados Unidos.  Firmados los convenios y tratados del fin de la Segunda Guerra Mundial, el mundo fue divido por los imperios aludidos en dos grandes áreas sobre las cuales cada uno alegó derechos exclusivos. 

 

Inglaterra y Francia fueron sacadas a codazos de la repartición mundial y ya solo queda en la memoria de los viejos el tiempo en que Berlín —símbolo del triunfo— era patrullado por representantes de cuatro países: la URSS, EE UU, Francia e Inglaterra.

 

A los asuntos de ideología, tan bien representados por los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil Española: la izquierda y la derecha, se sumó la voracidad de los imperios. La propia guerra demostró cuán rentable era la industria del armamento, y a mediados del siglo XX el capitalismo, surgido en el siglo XVI en Inglaterra, se diversificó insignemente.

 

Países pequeños como el nuestro han sufrido y continúan sufriendo, justamente desde el siglo XVI, las versatilidades y los adelantos del capitalismo, incluyendo las persecuciones de ‘comunistas’, la depredación de las materias primas bajo la vigilante mirada de los militarejos que gobernaron estos lugares hasta que la democracia, otra entelequia que significa lo que le suele dar la gana al imperio dominante, decidió que era tiempo de un cambio.

 

Siempre he vivido en Guatemala, no puedo hablar de normas y prohibiciones en la Unión Soviética, ni de cómo expolió ‘sus’ territorios, ni de las tribulaciones padecidas por los habitantes de aquellos pagos.  Pero dice bien el hecho de que, solo en Berlín, hubo una enorme cantidad de muertos cazados por tratar de cruzar el muro.

 

Puedo, sin embargo, hablar de la reacción de EEUU ante la insolente pretensión guatemalteca de recuperar unas tierras expoliadas a fines del XIX o principios del XX. Recuerdo la creación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947, que fingió demencia y vio hacia otro lado cuando la guerra de las Malvinas.

 

La Organización de los Estados Americanos (OEA)  se creó en 1948, con objetivos claros: la solución pacífica de los conflictos interregionales y la defensa de la seguridad colectiva. Por medio de estos organismos internacionales, EE. UU. dominó diplomáticamente la región, justificando sus intervenciones, directas o indirectas, sobre América Latina.

 

La más reciente y prodigiosa: el haber sacado de su cama al presidente hondureño y depositarlo en piyama en tierras ticas, hace apenas unos meses.

 

Pero sea como haya sido la expresión política del capitalismo, nuestras materias primas, las empresas estatales que podían haber rendido frutos, la precedencia en materia de relaciones económicas, han hallado caminos milagrosos que nos han dejado en la parte estrecha del embudo. Como el capital ahora no tiene carta de ciudadanía, no sabemos a ciencia cierta quién extrae, exporta y se beneficia de nuestros tesoros no renovables. Ya sabemos que nosotros, no.

 

Le ha llegado el turno a la arena del Pacífico. El segundo yacimiento de hierro del planeta, dicen.  He escuchado el murmullo irreverente de quienes están dispuestos a defender con uñas y con dientes los puertos, los tortugarios, la pesca, la playa, sin duda el más democrático de los lugares de distracción de los guatemaltecos.

 

Les he aconsejado cerrar la boca. Ya hubo en Europa un lugar donde los materiales de reparación de muelas y dientes atrajeron la codicia y los muertos eran despojados antes de su incineración. No sabemos cuándo nuestros rellenos dentales pueden ser también objeto de la avaricia que campea tan democráticamente por el mundo.

 

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1 comentarios:

  1. Carlos E. Urrutia R.: (2010-09-17 16:00:02 horas)
    No podría estar más de acuerdo con usted. Ante esta expoliación de la riqueza nacional y su aparente inevitabilidad -esta palabrita me salió de lo más profundo de las entrañas- solamente puedo soñar que aparecieran gobernantes que estuvieran vacunados contra la darlasnaguitis aguda que infecta a todos los que llegan al poder, y que contaminados con sus anhelos de empresarialidad decidieran hacer tratos que también beneficiaran al país. Me pregunto si Francia recibe más impuestos de parte de Perenco por explotar y comerciar nuestro petróleo que lo que Perenco le paga a Guatemala por extraerlo... lo más seguro es que así sea. Sueño con que, haciendo gala de nuestros conocimientos y aprovechando que tenemos profesionales capaces, podamos saber si el níquel que se llevaron y se quieren seguir llevando los canadienses contiene cobalto, manganeso, oro y platino y que hagamos negociaciones de tú a tú y seamos socios de veras... si no hay más remedio. Que así fuera con nuestro oro y otras riquezas también y que se antepusiera el bienestar de las personas tomando en cuenta su válida opinión. Los elementos componentes de las arenas volcánicas que conforman nuestras playas del pacífico también incluyen otros metales preciosos que son los que realmente le interesan a estos depredadores, no saberlo es caer de pendejos intencionalmente, lo cual es sencillamente criminal. Lamentablemente me despierto y me encuentro con Estrada Cabrera, Chema Orellana, Jorge Ubico, Castillo Armas, Ydígoras, los gobiernos militares, con el insaciable Arzú, con Pollorronco Portillo y su titiritero, con el hiperdistraído pero no por eso menos transero Berger y ahora con este fiascosocialdemócrata Colom (quien se la lleva de sacerdote maya pero es socio comercial de Tonatiúh), quienes siguen entregando nuestras riquezas sin tomar en cuenta que sus actuaciones quedan para el juicio de la historia. Bueno; para lo que les importa ¿verdad? Mientras gocen de la posición económica que tales acciones les proveen lo demás es secundario (su patria, su pueblo, su prestigio). En conclusión: no sabemos quién se lleva nuestras riquezas pero sí sabemos quienes son los lacayos instrumentales para que eso suceda. Mientras tanto, que con su entreguismo institucionalizado sigan generando pobreza para que haya más mareros y les podamos echar la culpa de todas nuestras desgracias a ellos y al crimen organizado.
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