Según declaraciones del embajador guatemalteco en
México, el Estado de Guatemala podría estarse perfilando como el primer “narcoestado” en América Latina, por falta de voluntad política.
Esta posibilidad es de por sí aterradora, porque presupone que los organismos, entidades y funcionarios estatales estarían al servicio o responderían a los intereses del narcotráfico.
Lo anterior hace sentido si consideramos que, pese a las graves advertencias de la penetración del narcotráfico en nuestro país, el Estado no le ha declarado la guerra con contundencia y determinación, como sí ha ocurrido en México y Colombia, por ejemplo.
En Guatemala se percibe que muchas autoridades estatales no solamente conviven con el narcotráfico, sino que, asimismo, protegen y colaboran impunemente con las mafias de la droga.
Los gobiernos de Colombia y México no solamente condenaron el narcotráfico, sino que pasaron a la acción, no sólo defensiva, sino también ofensiva. Claro que los costos de la guerra contra el narcotráfico son altos, pero es mucho peor entregar el país a los traficantes y permitirles que controlen nuestras vidas y nuestro futuro.
En Guatemala, se condena oficialmente el narcotráfico y sus horrores, pero hasta ahí. Todo se queda en declaraciones, quejas, justificaciones y lamentos. Todo se reduce a gestos, discursos y leyes de papel, pero, al final, nada de ópera y todo sigue igual, lo que no es otra cosa que terreno fértil para las mafias.
A mediados de la semana pasada, los fiscales y ministros de Relaciones Exteriores, Seguridad y Defensa del Istmo centroamericano acordaron iniciar 8 medidas inmediatas e implementar otros 18 puntos para el combate del crimen organizado.
Ojalá que este acuerdo no se quede en simples palabras. Todos estamos esperando acciones concretas y eficaces. No queremos seguir escuchando estribillos propagandísticos, tales como, “la violencia se combate con inteligencia”.
Necesitamos una política pública de seguridad democrática, cuya implementación genere resultados de corto, mediano y largo plazo. ¡Manos a la obra!
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