El guatemalteco José Mata Gavidia es una de las grandes figuras nacionales a quien de alguna manera no se ha reconocido lo suficiente...
El guatemalteco José Mata Gavidia es una de las grandes figuras nacionales a quien de alguna manera no se ha reconocido lo suficiente, y tiende a sucumbir en el triste olvido de manera injusta. Dedicó su vida a la docencia en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), entidad que en la medida que ha decaído también ha perdido la capacidad para reconocer a sus hijos insignes. Mata Gavidia fue un erudito, maestro temido y admirado por sus discípulos, porque era estricto y sabio. Experto en filosofía griega, al punto que realizó su propia traducción de Platón y Anaximandro, y como latinista se dedicó a analizar la obra de Rafael Landívar, y profundizó en los estudios filosóficos que surgieron en Guatemala en el siglo XVIII, según las fuentes latinas originales. Y como era de esperarse, también fue seducido en sus albores por el Popol-Vuh, obra a la que dedicó su tesis de grado en Filosofía, publicada en 1950 por la Imprenta Universitaria en los años de la Revolución guatemalteca, en su colección Pensamiento indígena de Guatemala: Existencia y perduración en el Popol-Vuh. Obra emblemática, en cuanto el autor logra rescatar del libro sagrado de los maya-quichés una interpretación del pensamiento precolombino.
En los mismos años, en México, hizo un esfuerzo similar Miguel León-Portilla con el pensamiento náhuatl, y dicho autor es hoy día celebrado y admirado por las generaciones sucesivas que han estudiado su obra; pero al comparar los tratados veremos que el mexicano exploró el mito y se ganó la suerte explorando el mito, mientras la obra de Mata Gavidia es rigurosa, fascinante, poblada de criterios y de una visión orgánica interpretativa digna de discusión, pero a su autor prácticamente se le ha olvidado.
Para poder leer la obra de nuestro compatriota es necesario acudir a la biblioteca de las universidades privadas, o a la Usac si no está tomada por los supuestos estudiantes que saben mucho de derechos pero quizá nada de ciencia y letras. En la URL o en la UFM se puede conseguir una fotocopia del libro publicado en 1950, y leer en tan triste impresión la brillantez de nuestro filósofo, así como disfrutar en el prólogo las señas de nuestro pasado pudor nacional, cuando el sabio intelectual pide disculpas al lector, expresando “y ojalá sepan perdonar mi osadía” por atreverse a profundizar en el texto sagrado maya-quiché.
Me parece que si la Usac ya no cumple con sus propósitos, deberían hacerlo las entidades que suplen su función, y publicar nuevamente esta obra, dignificando así la imagen de nuestro compatriota y dando la oportunidad a las nuevas generaciones para que conozcan la obra lúcida y vigorosa de uno de los más grandes hijos de esta patria.
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