Se practican por año 234 millones de cirugías. El 1/3 más rico de la población mundial recibe el 75 por ciento, y el 1/3 más pobre sólo el 4 por ciento, 18 veces menos. Más de 2 millardos de personas no tienen acceso adecuado a un tratamiento quirúrgico.
Analizando 92 países, Harvard encontró que las regiones de altos ingresos tienen 14 facilidades quirúrgicas cada 100 mil habitantes. Las de bajos ingresos, sólo 2. Además, estas son las que tienen una incidencia mucho más alta de enfermedades que requieren cirugía.
Los investigadores examinaron si había un oximetro, monitor que mide a través del pulso la cantidad de oxigeno en la sangre de los pacientes durante la cirugía, y es esencial.
Mientras que está presente en el 99 por ciento de las operaciones hechas en áreas de altos ingresos, falta en más del 50 por ciento de los casos en zonas de bajos ingresos. Se realizan por año 32 millones de cirugías sin él.
Dicen el informe: “1/3 de la población del mundo no tiene acceso a servicios de cirugía esenciales, como cesáreas de emergencia, y tratamientos para heridas serias de accidentes en los caminos”.
La inequidad en estos aspectos tan básicos, es parte de cuadros generales de desigualdad en el acceso a la salud más amplios que llevan finalmente a que las distancia de esperanza de vida entre los países desarrollados, y los en desarrollo alcance los 30 años.
Estas disparidades integran las agudas desigualdades de nuestro tiempo en ingresos, acceso a activos productivos, educación, salud pública, acceso a las nuevas tecnologías, y en definitiva posesión de bienes. Según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas, sobre la distribución de los activos acumulado en el mundo, el 10 por ciento más rico tiene el 85 por ciento del capital mundial, mientras que el 50 por ciento más pobre sólo posee el 1 por ciento de dicho capital.
Una reciente encíclica de la Iglesia llama a las desigualdades actuales “hirientes”, y en informes de Desarrollo de la ONU se las ha calificado de “groseras”.
El tema es muy sensible para América Latina que sigue siendo la región más desigual de todas.
Como lo plantea el estudio de Harvard: “No es nuevo que los pobres tengan mal acceso a servicios hospitalarios como la cirugía pero el tamaño de la población afectada es un shock… claramente se necesita que esto cambie”.
La Comisión Mundial de determinantes de la salud establecida por la Organización Mundial de la Salud realizó sugerencias muy concretas al respecto: “La distribución desigual de los recursos sanitarios es el resultado de una nefasta combinación de políticas y programas sociales deficientes, arreglos económicos injustos, y una mala gestión política”.
(*) Asesor principal de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del PNUD.
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