El Estado de Guatemala, ¿está cayéndose?, ¿parece que está cayéndose?, o ¿existe interés en que caiga? La respuesta podría variar a partir de la perspectiva de cada uno, pero debemos aprender a diferenciar lo que es, de lo que se dice. Que hay una crisis del Estado de Guatemala, ni quién lo dude. Pero de allí a que la institucionalidad esté colapsando, hay mucha diferencia. Pero claro, tanto se repiten las cosas, que llegan a ser creídas. A menudo me pregunto si lo que leo o escucho es un reflejo de lo que sucede, o más bien la expresión de lo que se desearía que suceda.
Por mi parte quisiera ver fortalecida la institucionalidad. A nadie le conviene que perdamos la democracia incipiente con la que contamos. A los únicos a quienes beneficiaría el deterioro de la institucionalidad es a los miembros de las mafias, el crimen organizado y el narcotráfico. Todos los demás perderíamos las pocas libertades que nos quedan. Ni hablar del tiempo que nos tomará retomar el rumbo y recuperar una reputación, que desde ya se ve tan erosionada. Con todo y los problemas actuales, Guatemala es una democracia que cuenta con un ordenamiento legal e institucional, que puede fortalecerse hasta hacerlo un elemento eficiente en la lucha contra la corrupción, la impunidad y la inseguridad. Es tarea de todos nosotros defenderla, respetar la Constitución de la República y velar por el fortalecimiento de todas las instituciones. Podemos disentir con las personas, pero deberíamos aprender a separar a los funcionarios de las instituciones permanentes en las que laboran.
Por mucho tiempo lo usual ha sido la descalificación, el desprestigio, el atropello al sistema y a las instituciones públicas, y la viveza de algunos demostrada en el incumplimiento de la ley, cuanta vez sea posible. No debemos acostumbrarnos a vivir en esta circunstancia de incertidumbre permanente. La solución real radica en una profunda reforma moral. El retorno de los valores republicanos como el respeto, la responsabilidad, la vocación de servicio y el cumplimiento estricto de la ley. En la práctica, esta reforma moral debe expresarse en una lucha frontal contra la corrupción y una mejora notable en la eficiencia con la que se maneja la cosa pública.
¿Que si el Estado está en crisis? Sí, como la gran mayoría de los países del resto del mundo. Pero este es el nuestro, y de él todos los guatemaltecos somos responsables.
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