El presidente Álvaro Colom ha calificado de “tragedia nacional” la devastación causada por las torrenciales lluvias de los últimos días a lo largo y ancho del territorio guatemalteco.
El presidente Álvaro Colom ha calificado de “tragedia nacional” la devastación causada por las torrenciales lluvias de los últimos días a lo largo y ancho del territorio guatemalteco.
Sin duda, compartimos la percepción del mandatario Colom, toda vez que son evidentes y elocuentes los efectos destructivos de las inundaciones, deslaves, derrumbes, desborde de ríos, derrumbe de cerros y torrentadas.
El embate de la naturaleza se está traduciendo en muerte, enfermedad, lesiones, desolación, daños materiales, epidemias y empobrecimiento generalizado. Pero lo peor es que la devastación no cesa, porque las fuertes lluvias siguen y seguirán al menos por el resto de este mes.
El gobernante Colom también ha afirmado que el desastre supera en destrucción a la causada por la tormenta Agatha en mayo pasado, lo que nos permite tener un cuadro comparativo de la gravedad de la situación.
Por supuesto, nos percatamos, además de la pérdida de vidas humanas, del enorme daño que se está causando a la infraestructura física (viviendas, carreteras, puentes, escuelas, centros de salud, etcétera).
La unidad nacional es vital en estos momentos de anegación y tragedia. Son tiempos para deponer las banderas políticas y partidistas. Son tiempos para unirnos en pos de nuestros hermanos que sufren. Son tiempos para convocar a todas las fuerzas vivas del país y la comunidad internacional para que pongan en marcha toda la ayuda que puedan brindar. Son tiempos para la armonía, la solidaridad y la fraternidad.
Asimismo, reiteramos nuestro apoyo al Gobierno en su lucha por obtener un TPS para nuestros hermanos en los EE.UU. Ojalá que esta nación hermana, caracterizada por su generosidad y comprensión, nos asista en estos momentos de “tragedia nacional” y otorgue este beneficio temporal, que permitirá a nuestros emigrantes indocumentados trabajar sin ser hostigados o deportados.
Por otro lado, pedimos al Gobierno que privilegie la reconstrucción nacional sobre todos los demás programas sociales, a fin de liberar los recursos necesarios para enfrentar los efectos de la devastación. Ojalá que también se pudiera reducir el gasto público superfluo (guardaespaldas, viajes, viáticos, gasolina, alquiler de blindados, propaganda oficial, recepciones, etcétera) y destinar los respectivos recursos a donde se requieren con urgencia.
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