La Biblioteca Ludwig von Mises realiza una exhibición de títulos “censurados” en la Semana de los Libros Prohibidos, que se realiza a nivel mundial.
Desde inscripciones en arcilla y estucos, cortezas y papiros, el humano ha ido dejando un registro de símbolos para expresarse y comunicarse. Y cuando el lenguaje adquirió la capacidad de escritura, nuestra actitud hacia el mundo particular y colectiva se inscribió en los materiales a disposición. La iliada, Las mil y una noches, o el Popol Vuh son accesibles gracias a que nuestros antepasados se preocuparon por plasmar sus vidas en algún formato tangible, más allá del puro relato generacional. Pero fue a mediados del siglo XV cuando la capacidad escrita explotó en un sinfín de publicaciones: Gutenberg había creado la imprenta.
A partir de entonces, y un poco antes, los libros han tenido ciertas batallas, unas ganadas, otras perdidas. Inquisiciones, regímenes, dictaduras, religiones –fundamentalistas en fin– significaron grandes retrocesos para la cultura, y más en cuanto a las letras. La libertad de escribir y ser leído se ha restringido siempre por el temor que provocan las ideas en los personajes oscuros que se amamantan del poder y sometimiento hacia los demás. A veces ni siquiera se revisaron los textos, simplemente fueron a parar a la hoguera porque se debía borrar todo recuento de alguna civilización (como la desaparición de textos prehispánicos a cargo de los conquistadores de Mesoamérica). Y en otros casos menos radicales, se censuraron obras o se alteraron sus contenidos.
Como gran ejemplo de la censura permanece el “Índice de libros prohibidos” que emitió la Iglesia católica en 1559, conteniendo autores y obras prohibidas en su totalidad, además de un repertorio de capítulos, páginas e incluso líneas que debían ser eliminadas, una labor encargada a los bibliotecarios de la época. Fue hasta 1966, bajo el papado de Pablo VI, luego del Concilio Vaticano II, que se dejara de actualizar la lista. Entre escritores y filósofos notables del índice se encuentran Erasmo de Rotterdam, Descartes, Balzac, Sartre, hasta Santa Teresa de Jesús, con Amar y sufrir.
Mientras tanto, bibliotecas y librerías públicas desdeñaron títulos amenazadores del statu quo aun en la segunda mitad del siglo XX, libros y autores perniciosos, de aquellos que atentan con sus ideas pervertir la moral y ética de los hombres y mujeres. Más aún, en la actualidad la lectura es negada a las poblaciones en extrema pobreza, a más de 700 millones de analfabetos en todo el mundo según la UNESCO, que hoy celebra el Día Internacional de la Alfabetización, y cuya meta de enseñar a leer y escribir a toda la población mundial para 2015 se avizora lejano.
Pero hoy en día, la censura abarca muchas aristas del medio escrito, desde periódicos y diarios, hasta novelas de magia y hechicería como Twilight o Harry Potter. Por ello, desde 1982, la Asociación de Librerías Americanas (ALA) celebra la Semana de los Libros Prohibidos. Este proyecto surgió para celebrar la libertad de leer y su importancia durante la última semana de septiembre.
Dicha oficina se encarga de realizar un listado de los libros que recibieron censuras y que no fueron eliminados gracias al esfuerzo de los libreros y bibliotecarios. En apoyo, el gigante informático Google puso a disposición una página de dichos textos (http://books.google.com/googlebooks/banned), clasificándolos por años. Para 2010 se presentan como los libros que intentaron ser censurados The perks of being a Wallflower, de Stephen Chbosky, y Olive’s Ocean, de Kevin Henkes.
Asimismo se encuentran obras como El gran Gatsby, El guardián entre el centeno, Ulysses, Trópico de Cáncer, entre otros.
Y en Guatemala, con más de un veinte por ciento de analfabetas, con una censura ambigua hacia materiales considerados “impropios” o “subversivos” y hacia medios escritos, tampoco se dejó pasar la oportunidad para celebrar la Semana de los Libros Prohibidos. La Biblioteca Ludwig von Mises, de la Universidad Francisco Marroquín, realiza una exhibición de aquellos libros que la ALA catalogó de censurados en EE.UU. Desde hoy, de lunes a viernes de 8:00 a 20:00 horas, los libros pueden ser leídos dentro de la biblioteca.
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