No han pasado tantos sino exactamente ocho años desde que inició el festival de la fotografía en Guatemala, Foto 30.
No han pasado tantos sino exactamente ocho años desde que inició el festival de la fotografía en Guatemala, Foto 30. Desde su primera edición, nos colocó frente a un hecho irrenunciable: la fotografía estaba mutando y comenzaba a conectarse con la increíble amalgama de ideas y nuevos formatos que se estaban generando a principios del 2000 en todo el mundo. Ver hacia atrás produce un poco de vértigo. Yo no sé si los mismos fotógrafos han sido conscientes de esto. Pero, a través de su trayectoria de errores y logros, Foto 30 es hoy un espacio imprescindible que no sólo permite ver las nuevas apuestas fotográficas sino vernos como sociedad. Esto está vinculado con el hecho de que para cada edición se escoge un tema digamos espinoso, capaz de generar “opiniones visuales” entre tímidas o trascendentes. Eso es algo que sucede con el concepto familia, el eje central de este año y una palabra capaz de suscitar una investigación visual sobre los tonos más afectivos hasta los episodios más dramáticos asociados al espacio doméstico e íntimo o el lugar donde se generan los traumas.
El tema es tan amplio como las posibilidades de relación humana. El reto es no quedarse en lo obvio. En ese sentido, en la primera semana del festival, ya sobresale la exposición titulada Tribu, curada por Emiliano Valdés para el Centro de Formación en Antigua Guatemala. A partir de un interés sociológico, desde el término “tribu urbana”, acuñado en 1985 por el sociólogo francés Michel Maffesoli, esta muestra colectiva pone al descubierto una serie de fenómenos nada originales pero que cobran interés en el aquí y el ahora, en Guatemala, en medio de sus propias particularidades y la dinámica generacional de formar microgrupos de personas que comparten maneras de entender el mundo, estilos de vida y patrones de comportamiento.
Todos necesitamos sabernos parte de una tribu. La gran diferencia con una familia es que la tribu se escoge. Si hasta hace poco la manera de representar lo nuestro estaba atado al menú tradicional de siempre, Tribu muestra una idea de país donde las identidades son múltiples y ajenas sólo en apariencia, como la de los cosplayers, grandes aficionados a la cultura japonesa que aprenden el idioma y se atavían como personajes de mangas y anime. En general, Tribu es una muestra que nos acerca a esas otras Guatemalas que nos cuesta aceptar pero que revelan los nuevos signos de la época. Es una magnífica exposición que no se queda en las buenas imágenes y las destrezas técnicas. Muerde y motiva la reflexión. Aporta una mirada amplificada de la idea de familia, con una buena dosis de delirio, humor y contradicción.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
0 comentarios: