Para rectificar, necesitamos comprender qué hemos hecho mal.
Justo cuando más necesitamos de liderazgo, de mensajes claros y unificados, nuestra presidencia decide imitar a Abott y Costello, a Beavis y Butt Head.
El vicepresidente Rafael Espada organiza una conferencia de prensa y exclama: ¡los responsables de la obra pública de mala calidad tendrán que rendir cuentas!
Al escuchar semejante barbaridad, el presidente Álvaro Colom pide un micrófono y corrige: ¡es la Naturaleza la que se ensaña contra nosotros, respiren tranquilos constructores, porque aquí nadie va a contarles las costillas!
De sobra sabemos cuál es la declaración que se expresa desde el poder real, que en Guatemala siempre se ha traducido en impunidad.
El espectáculo de las continuas contradicciones en la cúpula del Ejecutivo resulta penoso, pero más lo es el mensaje que ha enviado el presidente Colom.
Se entiende que cuando el peligro acecha no es el momento de señalar culpables, sino de unir esfuerzos en las labores urgentes de prevención y rescate. Sin embargo, la necesidad de atender la emergencia no exime a las autoridades, ni a la sociedad, de la obligación de exigir cuentas y sentar precedentes.
Si queremos evitar que estos desastres se repitan, debemos entender por qué sucedieron. Para ello, necesitamos buscar explicaciones técnicas, con respaldo científico, no conformarnos con excusas y declaraciones de buena fe. De nuestros líderes esperamos una actitud lúcida y seria: de nada nos sirve un coro de funcionarios que van desde el Presidente hasta los supervisores de Caminos, entonando justificaciones alcahuetas para los amiguetes o los contratistas del Estado.
Los errores ya los cometimos. Pagamos caro por carreteras mal diseñadas, abiertas con cucharón, sin hacer estudios de suelo ni calcular cuánta agua va a correr, ni por dónde, ni cómo van a contenerse los cerros.
Abundan los caminos y puentes improvisados por congresistas y gobernadores, quienes creen que basta con sacar una ONG de la caja de Corn Flakes para arrojarse de panzazo sobre el listado geográfico de obras y jugar a Bob el Constructor con el dinero de los impuestos.
Estas son apenas algunas pinceladas de las responsabilidades operativas, administrativas y políticas de lo que hemos hecho mal. Pero hay otra cuenta: la de las responsabilidades por omisión, por aquello que hemos dejado de hacer.
Ahí también nos conviene enmendar la plana. Los científicos nos lo vienen repitiendo desde hace años pero no hemos querido escucharlos: Guatemala se encuentra entre los diez países más vulnerables al cambio climático. Ahora nos pasa encima un invierno intenso y todavía nos damos el tupé de poner cara de sorprendidos.
Nos han cantado en todos los idiomas que vamos a tener una alternancia de sequías y lluvias extremas. Lo lógico es que nos preparemos para enfrentarlas. Pero no, levantamos puentes pensando en los años secos, cuando fluyen los arroyos como meaditas de gato, no en los años torrenciales, cuando los ríos corren embravecidos con piedras y lodo.
En vez de clamar al cielo que nuestros males son culpa de la Naturaleza, nos debería ir calando que debemos actuar con responsabilidad, ahora y de cara al futuro.
En lo inmediato, porque todavía nos faltan los dos meses más fuertes de lluvias y a largo plazo, porque el cambio climático y nuestra vulnerabilidad ambiental son realidades que no podemos seguir ignorando.
Por respeto a los muertos, cada quien debe hacer su tarea. A nivel político eso significa que tampoco queremos más fantochadas en el Congreso, sino trabajo sustantivo.
Para la oposición, eso quiere decir que ya estuvo bueno de interpelaciones circenses (que sólo agotan el procedimiento y lo despojan de credibilidad); y para los oficialistas, que ya estuvo bueno de apostarle a la carta de la precariedad ante las cámaras de televisión, si luego hacen chinche el dinero con transferencias y asignaciones absurdas.
Necesitamos aprender a trabajar juntos, para atender las emergencias y los retos colosales del largo plazo, pero no vamos a lograr nada si pretendemos andar ese camino a costa de la responsabilidad y la obligación que tenemos cada uno de rendir cuentas de nuestras decisiones y nuestros actos.
Vea www.dinafernandez.com.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
29 comentarios: