El viernes 3 dejó de existir en Tegucigalpa, Honduras, uno de los científicos guatemaltecos de mi generación más capaces, queridos y admirados. Su abuelo era hondureño, su padre guatemalteco, su madre salvadoreña, tuvo una familia de hijos e hijas hondureños que supo educar, junto a la poetisa Waldina Mejía. No puede entenderse al Gordo Ponce sin la familia que lo procreó.
Para sus compañeros de la XXIV Promoción del Colegio Salesiano Don Bosco, oír que el Gordo Ponce era un astrofísico destacado, un profesor de altos vuelos por su preparación y la forma directa y amigable de enseñar y de aprender junto a sus alumnos y colegas no ha sido ninguna novedad. Desde que se incorporó a nuestra promoción en la primaria, proveniente del Liceo Guatemala de Quetzaltenango –junto al acordeón Honner que entonces tocaba– la voracidad que lo acompañó toda su vida tuvo en las matemáticas y en la física un manjar predilecto. Lo mismo que la música, la literatura, la amistad, el buen yantar y el buen beber. Compañero y amigo de otros patojos que ya destacaban en los estudios primarios y secundarios como Mario Blanco Mata, Alfredo Vaquiax, Luis René Arriaza, Byron Vargas Bragirholy, Danilo Zamboni Chang, Carlos Aguilar Peltzer y Rafael Emilio Mendía, sólo por mencionar a algunos de aquella promoción salesiana. Con los años, se graduó de licenciado en Física por la Universidad del Valle de Guatemala, en la que fuera compañero y amigo de algunos de los egresados de Don Bosco, pero también de otros profesionales como Fernando El Tico Quevedo, Francisco Paco Briz, Isabel Cofiño Molina y de hermanos hondureños conocidos como los Galos.
Como nos recordó su madre, doña Gloria, en el entierro, “desde niño se tomaba sus dos pachitas” y su permanente voracidad de desarrollo y conocimiento lo llevó a estudiar a México para luego incorporarse a la Universidad de Texas en Austin para realizar el doctorado en Astrofísica. A su retorno a Guatemala, su vocación por la excelencia lo llevó a no pocos conflictos con autoridades de nuestras mediocres universidades, lo que lo motivó a aceptar la invitación de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras de incorporarse como profesor e investigador. Fue en esa casa de estudios, como en la Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”, en la que desarrolló su carrera profesional y académica. Fue velado en el Salón Mayor de dicho centro de estudios, ante un vasto contingente de autoridades, profesores y estudiantes de ambas universidades. No olvidó nunca a su terruño y fue uno de los fundadores de Converciencia, participando en la vida académica de Guatemala cuando fue invitado. “Las esdrújulas” están de luto, uno de sus asiduos intérpretes se ha ido.
Con los años su afición a la literatura se acentuó y emulando a Ernesto Sábato comenzó a escribir unos sabrosos ensayos, artículos y cuentos que divulgaba por medio de su blog. Antes de su descenso final a la tierra ubérrima de Honduras, un estudiante y una profesora entonaron “El Rey” en la exclusiva versión inglesa realizada por el ilustre paisano y amigo: “a stone in my way showed me that my destiny was to be a rolling stone… a rolling stone”. Nosotros tus amigos sabemos que serás siempre el Rey, estudioso de la bóveda celeste.
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