El Gobierno pretende que el Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el año fiscal 2011 sea de Q52 millardos...
El Gobierno pretende que el Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el año fiscal 2011 sea de Q52 millardos, aunque, desde ya, se anticipa que será otro presupuesto desfinanciado (3 por ciento de déficit fiscal), al igual que el presupuesto que rigió este año, cuya ampliación por Q1.3 millardos está por aprobarse en el Congreso.
El Gobierno se resiste a aceptar que en tiempos de “vacas flacas” lo procedente es reducir el gasto público y promover la reactivación económica (a través de generar empleo y alentar la inversión). No son tiempos para gastar lo que no se tiene ni para seguir endeudando al país. Tampoco es aconsejable decretar nuevos tributos, menos si son antieconómicos (como el aumento del ISO y del ISR), porque la “magdalena no está para tafetanes”.
Sin embargo, el Gobierno no tiene en mente reducir el gasto público, sino que solamente compensar los ingresos fiscales que ya no se percibirán. O sea que la idea es recaudar más (por la vía de nuevos impuestos y no mediante el combate a la evasión) y no gastar menos.
El Gobierno tampoco está prometiendo transparentar ni optimizar los recursos. O sea que el enfoque es eminentemente cuantitativo y no cualitativo. Nada se plantea para que exista un mejor control del gasto público o una mejor gestión pública, ni para que cese el derroche, la opacidad y la discrecionalidad en el sector público.
Tampoco se presenta un proyecto de reducción del gasto público superfluo, en el que se incluya los asesores, los viáticos, los vehículos, la gasolina, los viajes, los gastos de representación, el alquiler de blindados y el clientelismo político. Por el contrario, el gasto superfluo e injustificado tiende a aumentar ilimitadamente. Mucho se dice en cuanto a que el gasto público es inversión en desarrollo. Empero, es un hecho inobjetable que el gasto público no ha redundado en la reducción de la pobreza en este país. Luego, la cantaleta de que el gasto público se traduce en desarrollo no es tan cierta como se pretende hacer creer.
Lamentablemente, la mayoría de los diputados está cooptada por el oficialismo, por lo que lo más probable es que se apruebe este nuevo proyecto de presupuesto desfinanciado, lo que hará que el Gobierno se pase el año entrante exigiendo nuevos préstamos e impuestos, y acusando a los “ricos” de no pagar impuestos.
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