Violencia, miedo, intolerancia, desconfianza. Un país poco habitable, con razones de peso para encerrarse o huir. Es la situación de los citadinos de Guatemala reflejada en una encuesta que presentó, a mediados de agosto, la Secretaría General de Flacso en Costa Rica. La muestra incluyó 28 ciudades de 17 países latinoamericanos, y consistió en consultas telefónicas sobre asuntos relacionados con gobernabilidad y convivencia democrática.
Guatemala exhibe, dentro del conjunto de países, varios factores límite que integran un cuadro perturbador. Es la sociedad que percibe más violencia en sus barrios (83 por ciento) y donde mayor proporción de gente se asume como víctima o potencial blanco del crimen (78); en consecuencia, la percepción de inseguridad es la más elevada de la región (57). Quizá por eso es el país donde más apoyo tiene la aplicación de la pena de muerte (68) y más se justifica en casos graves (77), siendo los varones quienes más la respaldan (71), así como las personas mayores de 55 años (87 por ciento).
Hay una vena cultural insinuando que esos no son datos sueltos de coyuntura. Al explorar variables de tolerancia, resulta que los guatemaltecos (junto a los mexicanos) manifestamos rasgos pronunciados de intolerancia étnica (51) y somos los menos tolerantes a la existencia de distintas preferencias sexuales (64); además, junto a El Salvador, Argentina y Colombia formamos el arco donde la comunicación entre ricos y pobres parece más ríspida (63).
Se manifiesta un malestar profundo contra el sistema político que debió mitigar esos asfixiantes problemas. De ahí que la desconfianza hacia los políticos en Guatemala sea casi total (94), y aunque en general no se cree en el riesgo de un golpe de Estado, el 72 por ciento lo apoyaría si hay “mucha corrupción”. El golpe se asocia al rechazo de los principales dirigentes o donde la percepción de malos manejos es dominante. Por ejemplo, la presidenta de Argentina es quien tiene menos respaldo y credibilidad, y es ahí donde el coup d´état se ve como salida. Y en Nicaragua es donde más se justifica una asonada por corrupción. Guatemala, al menos en la ciudad, está muy cerca de esas dos inclinaciones.
Al final del estudio queda la idea que Latinoamérica avanza en materia de cultura política y resolución pacífica de conflictos, pero que la amenaza del narcotráfico es abrumadora y generalizada (Guatemala, 90 por ciento). Y cuando las condiciones de convivencia se han deterioro tanto, la gente se quiere ir de su país. Señaladamente es nuestro caso y el de los salvadoreños: 65 por ciento.
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