Se necesitaron dos deidades mayas para que finalmente se diera el milagro. Chaac, el dios de la lluvia, se confabuló este año para compensarnos por su larga ausencia durante el 2009, cuando dejó un rastro de muerte y de hambre. Ixchel, la diosa de la fertilidad y de la agricultura, pero también la implacable diosa de las inundaciones, se aprovechó del regreso de Chaac para arrasar con agua y con lodo todo el territorio nacional. Pero ambos dioses no nos desean el mal. Y quizá por eso la tragedia se transformó en esperanza.
Durante esta semana hemos leído y visto lo que pensamos era un imposible. El Gobierno llamando a la unidad nacional. Los medios escritos editorializando a favor de trascender los conflictos y solidarizarse con las víctimas. Los partidos de oposición aprobando un presupuesto ampliado que parcialmente se dedicará a atender la emergencia. Los empresarios respaldando al Gobierno en su petición de recursos para atacar el desastre.
Por supuesto que Ah Puch, dios de la guerra y de la muerte, todavía está con nosotros. Y cada vez que alguien levanta la bandera de la unidad y del diálogo, por ahí aparece el tecolote con su canto artero. Ese canto que anuncia la presencia del señor de Xibalbá, el Apestoso.
Así que, ¿cómo hacemos para derrotar de una vez por todas a Ah Puch, señor de Xibalbá? Lo primero, es importante que el Presidente comprenda la relevancia histórica del momento en que vivimos. No puede dejar que esto que se ha logrado se transforme en un momento pasajero. Tiene que capitalizar con su liderazgo el sentimiento nacional y transformarlo en acciones positivas basadas en la confianza mutua y el diálogo transparente. Traicionar este momento sería un error político que hipotecaría brutalmente el futuro de nuestro país.
En segundo lugar, es importante que los liderazgos sociales, religiosos, económicos y políticos sepan sumarse al diálogo y caminar junto al Gobierno en una coyuntura difícil como la que vivimos. El compromiso es muy simple: sumar voluntades para reconstruir un país devastado. Como ya lo hicimos con el terremoto, con organización y trabajo, sin esperar nada a cambio. Sólo por el placer y la responsabilidad de servir a quien lo necesita.
Pero lo más importante es que debemos transformar las acciones coyunturales en espacios institucionales que permitan responder a lo que vendrá. Porque ya es hora de abandonar nuestros conflictos, y unidos enfrentar a enemigos comunes como el hambre, la ignorancia y la impunidad. Llegó el momento de actuar como ciudadanos y crecer juntos.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
4 comentarios: