La involución del Presidente es sórdida; luego de haberse vendido –en campaña– como amante de la libertad, la democracia y asegurar –a diestra y siniestra– que acabaría con la inseguridad, usando “la inteligencia”; después de afirmar –lo cual se puede constatar en grabaciones de radio y televisión– que “no era tiempo de más impuestos” y que en su Gobierno reinaría la decencia… se ha convertido en un energúmeno e insulta –mostrando el cobre– a quienes critican –no sólo a su Gobierno– sino a inmorales o en el mejor de los casos, incapaces contratistas del Estado que hicieron carreteras y puentes, sin tomar en cuenta, las normas técnicas de seguridad que la obra pública requiere.
“Imbéciles o ignorantes” llama el Presidente, a todo el que levante la voz, en su contra o simplemente cuestionando lo que él considera “su verdad”… parece que desde su perspectiva ha ascendido de rey a deidad o al menos a semidios y que sus juicios –según él– se convierten en dogmas de fe que hay que aceptar medrosamente. El Presidente rehúsa cumplir con lo que la Constitución política de nuestro país le ordena, las prioridades expresadas –en este espacio– tantas veces, enunciadas en los primeros artículos de la Carta Magna, o su obligación de representar la unidad nacional, son para el Presidente –a juzgar por su patético actuar– basura ornamental.
Se olvidó el Presidente de su fundamental papel incluyente, conciliador y de su deber de líder positivo de una Nación que se muere de hambre y perece entre deslaves… muchos de los cuales –aunque a él le resulte “imbécil” el criterio– se pudieron evitar. Como mudos testigos de la obra pública realizada debidamente, permanecen incólumes, puentes que datan de dos siglos o de varias décadas… caminos y carreteras, en donde no ha existido un solo derrumbe –mortal– porque se hicieron en base a criterios técnicos y no sustentados en un insano “negocio” y repugnantes contubernios entre seudoempresarios y seudogobernantes.
Cuando la obra pública hecha anómalamente –que involucra a este y a pasados gobiernos– genera muertes, se perfecciona lo que se denomina –en nuestra legislación– “homicidio culposo”… y al Presidente encubrirlo, se convierte en cómplice; lo mismo ocurre, cuando –en hospitales– mueren por negligencia cientos de guatemaltecos; o al observar la prioridad inmoral que le da el presidente del IGSS a su feo suplemento inserto en medios escritos, en lugar de priorizar el bienestar y la cura de quienes deberían estar “protegidos” por esa institución.
Pero no se preocupe Presidente, la impunidad está garantizada, la CICIG jamás irá tras sus huesos… eso –es obvio– está arreglado de antemano; las instituciones de administración de justicia están colapsadas y sus “líderes” alineados… así que usted siga incumpliendo con su deber, además continúe insultándonos… pero –ojo– habrá tres juicios que –como todos los fementidos– no podrá soslayar… el de su espejo, el de la historia y el de Dios. ¡Piénselo!
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