Andrea Motta es profesora en la universidad, lectora empedernida y mamá de cinco niños. Con todo eso, todavía le queda tiempo para escribir un blog que sirve de guía a muchos padres preocupados por la educación de sus hijos.
La mañana es una locura. Cuatro uniformes, cuatro loncheras, cuatro bolsones con los libros necesarios, cuatro niños a bañarse por turnos, cuatro cepillos de dientes en acción, un bebé medio dormido que pide la pacha, tres niñas que necesitan colitas en su pelo y sólo dos papás corriendo para que lleguen a tiempo al colegio. Andrea y Renato son padres de cinco niños (de 8, 7, 5, 3 y 2 años) y todas las aventuras para llevar las riendas de una familia grande, las cuelgan en la red. Su blog se ha convertido en una especie de guía para aquellos padres desesperados con sólo dos niños. ¿Cómo hacen los que tienen cinco? Las respuestas están en la web, en un post en donde el buen humor es el protagonista.
La odisea de arreglar a cinco niños para llegar a tiempo a unos quince años. Confeccionar los disfraces más originales con puro material reciclado (incluyendo uno de zorrillo) o coordinar un viaje largo para siete personas en un carro de dos filas (con las constantes peleas del tipo: “Ximena se montó encima de mí… no, fue Fátima la que se metió abajo), son algunas de las anécdotas que narran.
La idea de escribirlo nació cuando a Andrea Motta, de 31 años y profesora universitaria, todos sus amigos le pedían consejos, “y cómo hacen para…” eran preguntas de todos los días. Así que Andrea pensó en combinar sus dos pasiones: la literatura y su familia.
“Muchos amigos dicen que ya con hijos no se puede hacer nada, que sólo hay que pensar en cómo pagar el colegio”, cuenta Andrea. “La familia ha tenido un mal prestigio como de que sólo es una carga, y es verdad que hay momentos en los que uno pide auxilio, pero la mayoría de situaciones son motivo de alegría”. El blog es también un intento por reivindicar los momentos cotidianos como experiencias maravillosas. “Creo que hay que aprender a gozarse a los hijos y a gozarse el día a día”, dice Andrea. Los Contreras Motta, no decidieron tener cinco hijos por convicciones religiosas. Lo hicieron porque tener una familia grande para ellos es motivo de alegría. “Los dos, Renato mi esposo y yo, venimos de familias numerosas. Ese ambiente de algarabía lo tuvimos siempre” cuenta Andrea. “Decidimos estar abiertos a la vida, porque éste es el don más preciado, independientemente de la religión que se profese. Efectivamente, algunas personas lo unen incluso al fanatismo religioso, pero no debería ser así: la vida es un regalo... Por supuesto, el espíritu cristiano nos ayuda a ver la vida como un don, tener optimismo y esperanza ante las dificultades. Sin embargo, cuando escucho que los que decidimos tener una familia numerosa es únicamente por convicción religiosa viene a mi memoria aquella famosa frase de Chesterton "Estoy orgulloso de verme atado por dogmas anticuados porque sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado". Además pensamos que es más fácil educar en virtudes en una familia grande, porque muchas cosas se dan con espontaneidad. La solidaridad, el compartir y la austeridad, se dan más fácilmente. Aprenden que no están solos en este mundo”.
Para vivir con cinco niños hay que tener, sobre todo, mucha paciencia y organización. Los horarios para ver televisión están marcados. A las ocho y media todo mundo a dormir. Y a las cinco treinta empiezan las carreras para llegar a tiempo al colegio. Al mediodía, Renato llega a casa a recibir a los pequeños que llegan de estudiar y a darles almuerzo. Cuando Andrea vuelve tendrá que ayudar con las tareas.
Con cinco hijos calmar una pelea no es nada sencillo. “¡Ximena y Fátima tranquilas!”, grita la mamá, mientras Fátima la mira airada desde el sofá: ella no está haciendo nada. “Perdón, quise decir Fátima y Anelisse”. Y otra vez Fátima levanta la cejas. “Bueno, quietas muchá”, dice mejor, antes de seguir confundiendo nombres. Justo entonces el perro Rabito suelta a ladrar. “No moleste, Nicolás”, le recrimina Andrea; su hijo Nicolás la mira desde un sillón: “¿le dijiste mi nombre al perro?”.
La pregunta que les hacen constantemente es si piensan cerrar ya la fábrica y ellos contestan: “No vamos a cerrar la fábrica porque lo que salen no son productos, sino seres humanos a los que podemos educar y contribuir con ellos a una mejor sociedad. La mayoría de guatemaltecos lo que queremos es un mejor país, y nosotros pensamos que nuestra forma de trascender es educando bien a nuestros hijos”.
Nunca han hablado de un número exacto de hijos. “La paternidad responsable para nosotros no es sinónimo de no tener hijos, sino de ver objetivamente cuántos podemos atender, educar, dedicarles tiempo, siempre que podamos hacerlo vamos a tener más hijos. Queremos darles lo mejor, pero no lo mejor económicamente, sino lo mejor de nosotros”.
Es difícil de creer que en una casa donde viven 7 personas el recibo de la luz llegue por Q66 mensuales. Sólo tienen una televisión, lo que les sirve para enseñarles a los niños a compartir, a ceder espacios a los demás y a que hay mucha más vida, afuera en el jardín o en el bosque que está cerca de casa, que frente a la pantalla. La idea de comprar un juego de video fue desechada luego de que Andrea y Renato les plantearan la pregunta a sus hijos “¿El wii o la vida?”, y por la vida se referían a las tardes de mímica que juegan en familia o a lanzarse sentados en cartones de una ladera. Los mismos niños optaron por la vida.
Una pregunta que les llueve a los Contreras Motta es, ¿cómo pueden mantener a cinco niños? Ambos trabajan, ella en la universidad y él administra una farmacia, a pesar de eso, “sí nos tronamos los dedos y sí tenemos penas, pero las penas siempre son menos que las alegrías”, dice Andrea.
El éxito del blog lo ha dado, además de los consejos para padres, su calidad narrativa. No es para menos, Andrea es amante de la literatura, aprovecha cada momento libre, como los viajes en bus todas las mañanas, para leer. Chesterton, Chéjov o Tolkien nunca faltan en su librera. Y cada semana se sienta a escribir un nuevo post sobre sus hijos y la vida cotidiana. Su hija Ximena le dice que es una muy buena escritora, ella se emociona, “¿por qué decís que soy una buena escritora?”, le pregunta la mamá orgullosa. “Porque escribís sin ver el teclado”, le contesta la niña.
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